El abismo de la investidura imposible

Iceta se apunta a la vía Sánchez de presentarse sin tener los votos


La campaña se ha hecho eterna, pero hay que prepararse para lo peor, porque una repetición de las elecciones nos dejaría en este bucle como mínimo hasta el 30 de mayo, fecha en que, más o menos, se celebrarían esos nuevos comicios si nadie consigue ser investido. Y no será por falta de aspirantes. Junqueras quiere ser presidente incluso estando preso. Puigdemont, aunque pierda. Arrimadas, porque aspira a ganar. Iceta, por considerarse el más transversal. Domènech, por lo mismo. Hasta Albiol quiere ser vicepresidente.

Ninguno lo tendrá fácil. En el frente independentista, están tan liados sacándose los ojos que nadie repara en el detalle de que, aunque sumen mayoría absoluta, para investir a uno de los suyos necesitan que vuelvan los cinco de Bruselas para poder votar. Y si Puigdemont viene a la investidura, irá directo a la cárcel. Si no viene y cede el escaño para que otro pueda votar, no podrá ser presidente, porque para ello hay que ser diputado. De modo que pintan bastos para él. Junqueras sería elegible, aunque presidir Cataluña desde Estremera sería algo ciertamente exótico. Y tampoco lo tiene fácil el constitucionalismo, aunque los separatistas perdieran la mayoría, porque la posibilidad de que los comunes de Iglesias y Colau hagan piña con el PP de Albiol para hacer presidente a Iceta o a Arrimadas no la veo ni aunque Domènech tomara Icetatón. Pero es que, además, aunque se deje llamar constitucionalista, Iceta está dispuesto al esperpento de negarle el apoyo a Arrimadas si es la más votada y se presenta como candidata.

Solo Arrimadas sería un vuelco

Ayer, el socialista ya adelantó que él optará por la innovadora vía Sánchez, que consiste en lanzarse primero a la investidura y luego buscar los votos, en lugar de hacerlo al revés, que sería lo lógico. La incongruencia de que el PSC le negara el apoyo a Arrimadas, y luego se lo pidiera para él, es mayor si se tiene en cuenta que Ciudadanos fue el único que apoyó la investidura de Sánchez.

En todo caso, nada tendría que ver un Gobierno de Arrimadas con uno presidido por Iceta. En el primer caso, se trataría de un completo vuelco. Un fin de régimen que acabaría con el monopolio de un nacionalismo que ha terminado convirtiendo a Cataluña en su cortijo. En el segundo, sería otro Gobierno nacionalista, aunque no independentista. Iceta ha dejado pistas, como criticar la actuación policial el 1-O, cuestionar el 155, rechazar el encarcelamiento de los exconsejeros, prometerles el indulto preventivo o exigir un pacto fiscal y la condonación de la deuda de Cataluña. Más allá de pedirles que le hagan presidente, Iceta no comparte nada con el PP y con Ciudadanos. Ni siquiera la bandera de España, que el PSC exigió que los de Rivera retiraran de un despacho en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramanet por ser un símbolo «partidista». De modo que, a partir de mañana, lo que hay son tres presidentes posibles. Un independentista (Junqueras), una constitucionalista (Arrimadas) y un nacionalista (Iceta). Y si no, hasta mayo el presidente catalán seguirá siendo... Mariano Rajoy.

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