Con todo el valor de un referendo

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Silencio, se piensa. O se supone que se piensa, porque Cataluña, ese dolor de cabeza, está en jornada de reflexión. Se supone que también hay jornada de reflexión en La Moncloa, porque alguien tendrá redactado algún plan por si se produce algo parecido a la sedición. Y se supone que se reflexiona en La Zarzuela, porque el Rey debe decir su mensaje de Navidad dos días después de conocerse los resultados, quizá sea su mensaje más difícil y dejó el pabellón muy alto después de su último discurso. 

En cuanto a los ciudadanos catalanes, llevan tanto tiempo reflexionando, discutiendo, manifestándose, poniendo y sacando banderas, que por fuerza tienen que tener su voto decidido. De tener alguna duda, será si los unionistas se inclinan por el Partido Popular o Ciudadanos; si la izquierda posibilista vota a Iceta o a Doménech; o si los indepes se inclinan por el encarcelado o por el fugado, que en esa disyuntiva terminó su última confrontación. Más allá de esos detalles, la sociedad catalana está dividida, casi mitad por mitad, entre españolistas y separatistas.

Saber cuál de los dos bloques reúne al final más papeletas es la gran incógnita. En ese sentido, las elecciones de mañana serán un referendo y tendrá el valor que no pudo tener la consulta del 1 de octubre por falta de garantías. Puede ocurrir que las urnas den a luz un Parlamento ingobernable con siete siglas de difícil acuerdo transversal, pero sí sabremos cuál será uno de los grandes titulares del viernes: ganó el separatismo o ganó la Constitución. Será el resultado de la suma de los sufragios de cada bloque.

A partir de ese dato, lo imprevisible. Si gana la unidad de España, suspiros de alivio. Pero si el número de independentistas fuese superior al de unionistas, ¿quién detiene la resurrección del procés, la idea de la república catalana y demás fantasías levantiscas? ¿Quién hará callar ese griterío que reclama la libertad de los acusados de rebelión si será fácil decir, ya se está diciendo, que el pueblo está con ellos? ¿La política estatal se limitará al mantenimiento de la aplicación del artículo 155, como viene diciendo el presidente Rajoy? Y algo que también es inevitable mirar: ¿qué será de la economía si Cataluña entra en un nuevo período de inestabilidad, de incertidumbre y de inseguridad jurídica?

Un viejo anuncio de perfumes decía que el hombre se la juega en las distancias cortas. La distancia que ahora nos separa del gran recuento es tan corta que cabe en una hoja de calendario. Más vale que los catalanes reflexionen hoy con todo rigor y con mucha frialdad. Es la primera vez que ante unas elecciones no pido que se vote en conciencia. Pido que se vote desde el interés. Catalán y español.

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