Tres escenas para un día decisivo

.

Escena primera: el pasado martes Antonio García Ferreras entrevistó a un portavoz de la CUP que ya había estado en el debate conducido por Ana Pastor. Quienes lo hayan visto quizá coincidan conmigo en que es un tipo dinámico, aguerrido, elocuente, polemista contumaz y de ideas muy firmes. Tiene las ideas tan firmes que fuera de su visión del mundo se encierran la injusticia, el capitalismo feroz y la represión. Y lo dice todo con tal seguridad que no me extraña que sea el designado por su partido para ser su portavoz en las televisiones. Pero a su conocimiento de la historia le falta un hervor: una de las tesis que defendió es que hoy Cataluña está más reprimida que en los tiempos finales del franquismo y en el tardofranquismo de 1976 y 1977. Tal como lo leen.

Uno escucha estas cosas desde el asombro. Recuerda los fusilamientos -entre ellos el de Puig Antich, ejecutado el 2 de marzo de 1974, es decir, tiempos finales del franquismo- y se pregunta qué perversión intelectual lleva a defender que hay una dictadura con tal de desacreditar un período de libertad como el actual; qué es para esa gente la represión, qué los derechos sociales, qué las libertades públicas. Pues bien: ese ciudadano quizá se siente en el Parlamento catalán. Y con él se sentará su visión de la historia y su concepción del Estado de derecho. Y posiblemente apoyará un Gobierno separatista y le impondrá condiciones como se las impuso al Gobierno destituido. Y si entre esas condiciones figura alguna que vulnera las leyes y la Constitución y el Ejecutivo tiene que activar otra vez el artículo 155, volverán con la monserga del fascismo y la represión.

Escena segunda: ayer, jornada de reflexión, Inés Arrimadas y su marido salieron a la calle, hicieron compras en un mercado y a la salida los esperaban unos patriotas que la llamaron cerda y fascista y le gritaron: «Fuera Ciudadanos de Cataluña». La única novedad fue la de llamarle cerda. Lo de fascista estuvo en el léxico de campaña y especialmente en los ataques al partido de Albert Rivera. Y los deseos de expulsar de Cataluña a quienes trabajan por la unidad de España no se dice en público, pero muchos lo piensan. No hace falta argumentar que el auténtico fascista es el xenófobo que no acepta que alguien nacido en Jerez sea candidato en Cataluña y quien quiere desterrar al que piensa de forma distinta. Y eso no surge de forma espontánea. Es el fruto de un lenguaje utilizado por los dirigentes políticos, es decir, por los caudillos de la nación catalana.

Y escena número tres: hoy se vota. Y, después de estos detalles y todos los que se vieron en la campaña, me da miedo lo que pueda salir de las urnas. Pero será irreprochable porque será la voluntad popular.

Valora este artículo

2 votos
Comentarios

Tres escenas para un día decisivo