Ciudadanos, gran referente constitucional


Ver a Ciudadanos como partido ganador de unas elecciones autonómicas en Cataluña es un acontecimiento extraordinario. Ver que ha pasado por encima de Esquerra y de la lista de Puigdemont y que deja a la CUP en un papel testimonial roza casi el heroísmo, eleva a Inés Arrimadas a la categoría de gran líder y le otorga el papel de gran referente constitucional en Cataluña. Si no existiese Ciudadanos en estas elecciones, no sabemos lo que habría ocurrido, quizá tendrían mejores resultados el PP y el PSC, pero quizá habría salido de las urnas una Cataluña mucho más independentista. A Ciudadanos le corresponde el honor y el mérito de aumentar el número de votos constitucionalistas y de reducir los votos soberanistas. No es pequeño mérito ni pequeño honor.

A cambio de la excelente noticia de ver que ganó un partido constitucionalista, las urnas nos trajeron el regalito de Puigdemont. Contra los últimos pronósticos demoscópicos, el fugado rentabilizó su fuga. Consiguió situarse por encima de Esquerra. Prescindió de su partido político e hizo una lista a su imagen y semejanza y le funcionó. Antes de su escapada, el PDECat estaba en una fulminante pendiente de caída, y él remontó el vuelo a base de presencias diarias, de discursos basados en falsedades y con una demagogia que rebasó al más demagogo de los populismos.

Con lo cual, el resumen de las elecciones es que Ciudadanos ganó, pero el independentismo se mantiene con un levísimo descenso y se dispone a volver a gobernar, si supera las diferencias que los enfrenta. Y quizá sea el peor independentismo: el que se mostró en la campaña electoral, con malos modos dialécticos, con un lenguaje belicista, con desafíos constantes a la legalidad, con un victimismo exacerbado y con ganas de convertir estas urnas en un referendo de autodeterminación. La única esperanza de este cronista es que la actuación judicial haya servido para inutilizar por algún tiempo la vía unilateral para proclamar la república catalana. Lo que ignoro es por cuánto tiempo.

La historia se vuelve a escribir a partir de hoy. Esperemos que después de la pasión de la campaña electoral ahora se imponga la serenidad. Esperemos que la falta de mayoría social del soberanismo sea un freno democrático a ese Puigdemont que desde su exilio voluntario o desde Cataluña pretende ser el presidente de la república después de ser el héroe ayer confirmado. Esperemos. Pero la gran verdad final y práctica es lo que tantas veces hemos escrito: después del artículo 155, después de todas las aplicaciones de la ley, el independentismo sigue ahí. Matizado por Ciudadanos, pero nada más. El Partido Popular tiene un problema. Y en Cataluña, un serio problema de representación.

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