Puigdemont marcará la pauta, el caos está garantizado

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La política catalana llegó a la situación actual de no retorno porque nadie en ERC ni Convergencia tuvo el coraje de ser el primero en admitir que todo era una patraña y tirarse del tren. Las notas descubiertas por la Guardia Civil en la libreta moleskine de un subalterno de Junqueras han servido para constatar una evidencia: que el mundo indepe vive desde hace años en la caverna de Platón, encadenado mirando a la pared y confundiendo o, mejor dicho, haciendo que los suyos confundan las sombras con lo que ocurre fuera de la cueva, aunque la tozuda realidad haya demostrado con toda su crudeza que la independencia indolora y sin coste jamás será posible. Es decir, que España y Europa exigirán un precio imposible de pagar, y que toda una generación de catalanes está condenada a vivir frustrada durante el resto de su vida con DNI español.

En ese contexto, los diabólicos resultados de esta noche solo servirán para que media Cataluña siga instalada en ese realismo mágico que no lleva a ningún lugar. El independentismo va a despreciar al millón de catalanes que han votado a Ciudadanos. La mayoría absoluta del soberanismo garantiza la continuidad del procés. Centenares de políticos y cargos a dedo recuperarán su sueldo y podrán manejar un presupuesto desorbitado, da igual si a cambio de arruinar al resto del país. Además, la polarización del voto ha dejado muy débil a la CUP y será muy difícil que se atreva a vetar la presidencia de Puigdemont, pese a lo anunciado en campaña.

Pero ese empate casi perfecto, con poco más de 900.000 votos, entre ERC y JXCat, es un regalo envenenado. El hecho de que no haya ningún ganador les obliga a mantener la puja al alza. Ninguno de los dos va a tener el coraje de admitir que la independencia es una quimera que además está haciendo añicos la economía del país. Será muy difícil que convivan, después de todo lo ocurrido en octubre, porque además tienen sobre su cabeza la espada de damocles de la legislación española. Y saben que a la primera tontería que hagan, el Gobierno volverá a aplicar el 155, en este caso sin ningún miedo a la reacción ciudadana, ni en Cataluña ni en el resto de España..

Pero enredarán todo lo que puedan. A Puigdemont le ha salido bien la estrategia desesperada y será quien marque el tono, así que el caos está garantizado: un presidente que vive en Bruselas, un presidente que entra en Cataluña y duerme en Estremera… La combinación de posibilidades es amplia.

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