Volver a empezar pese a la victoria constitucionalista


Todo muy bien. Un ejercicio democrático, una jornada para el recuerdo, un récord histórico de participación y cuantos más registros se les ocurran, pero la realidad es que estamos como hace dos años. En el mismo lugar y con la misma gente, que dice la canción. Cierto es que las elecciones las ha ganado Ciudadanos, que a Puchi la fuga le resultó rentable, que los comunes de Ada Colau se precipitan y que los populares pasan a ser residuales en el nuevo Parlamento; pero lo importante, lo realmente decisivo, es que el futuro de Cataluña está tan tenebroso como antaño porque los independentistas mantienen su capacidad de formar el Govern

Siendo realistas y aunque muchos se nieguen a reconocerlo en público, la consulta de ayer hay que leerla en clave plebiscitaria. Y con los resultados obtenidos la solución al problema catalán se antoja una quimera. El considerado bloque constitucionalista es superior al independentista al haber obtenido un mayor número de votos, pero gracias al decreto Tarradellas de hace 37 años, la sobrerrepresentación de Lleida y Girona facilita la formación de un gobierno soberanista que, también podemos negarnos a reconocerlo, volverá a las andadas.

La consulta de ayer ha tenido el valor de ratificar, otra vez, que la mitad de Cataluña convive contra la otra mitad. Una, queriendo irse al paraíso prometido y la otra pidiendo quedarse. Y es ahí de donde resulta imposible moverse, por mucho récord de participación que se produzca. Mitad por mitad. Ganan los votos pero gobiernan los escaños, como en todo el parlamentarismo. Y eso lo han de entender quienes tienen la responsabilidad de acabar con la tragicomedia de los últimos tiempos. Porque las urnas no van a aclarar más de lo que ya aclararon. Que es mucho.

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