El emperador dels «paísos catalans»


Albricias, habló Puigdemont! Había expectación por escucharle, como si fuese la voz del Ungido. Más expectación que por escuchar a Rajoy en uno de los días más penosos de su vida política. Su rueda de prensa fue retransmitida en directo por radio y televisión, como si fuese un mensaje de Navidad de un jefe de Estado. Se oyeron preguntas en español, catalán, flamenco, inglés, francés, que el sumo pontífice de la república catalana tiene don de lenguas. A mi lado alguien comentaba: «Parece más sereno después de las elecciones». Yo solo lo veía más caudillo, como si acabase de ser coronado emperador; por supuesto, emperador de los paísos cataláns, pero con exigencias y aspiraciones propias del presidente de los Estados Unidos.

De esa forma, incitó a Mariano Rajoy a reunirse en el lugar o el país que elija el presidente español. Supongo que, si la respuesta fuese afirmativa, el señor Puigdemont exigiría la presencia de los cascos azules de la OTAN para protegerle de un tipo violento, que persigue las libertades y muerde o encarcela a quienes piensan distinto. Como esto le pareció poco al protagonista de la historia, añadió que los países miembros de la Unión Europea le escuchen, porque él es Cataluña en su integridad y el jueves ganó el derecho a ser escuchado. Esto último lo entienden muy bien los catalanes, porque cuando se produce una discusión sobre el nivel de autogobierno, siempre acaban diciendo: «Sí, pero no nos escuchan». La Unión Europea tiene que dar audiencia a quien hace poco planteaba un referendo de salida como el brexit. Pero es que ahora ya se considera presidente legítimo, vencedor de una larga y cruel batalla contra los soldados del artículo 155: «La república catalana, había dicho la noche del jueves, ha derrotado a la monarquía del 155». Esa frase está pidiendo ser grabada en mármol. Es un grandioso cartel de propaganda. En la ilusión convertida en palabra. Es el gran asomo de la megalomanía de todo caudillaje.

Rajoy fue cauto en su respuesta. Dijo elegantemente que hablará con el próximo presidente de la Generalitat y calló que Puigdemont todavía tiene que pasar un examen de reválida judicial. Pero lo más original de la propuesta del expresident es el anzuelo que lanza: negociar «sin condiciones previas». ¿Seguro, don Carlos? ¿Seguro que usted llegaría a la mesa del armisticio sin llevar como condición no confesada el objetivo del derecho de autodeterminación? Difícil de creer, Honorable. Y por parte de Rajoy, qué quiere que le diga: un presidente de gobierno no queda con un ciudadano español en otro país. Y mucho menos con un ciudadano español que pide hablar en el extranjero porque en España tendría que ser en el locutorio de una prisión.

Rajoy fue cauto. Dijo elegantemente que hablará con el próximo presidente de la Generalitat y calló sobre la reválida judicial de Carles Puigdemont

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