El pollo de Puigdemont


Como si se alegrase y no fuese con él, ayer el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont -que está en Bruselas porque tiene miedo a la cárcel- dijo que «España tiene un pollo de cojones». Es la primera vez en la historia de este procés (aunque más que procés parece una penitencia) que estoy de acuerdo con este político adicto a las posverdades. Es más, España no tiene un pollo, tiene los suficientes como para montar un tremendo gallinero. ¡España tiene decenas de pollos!

Los primeros que empezaron a criar animales de corral fueron el propio expresident y los colegas que compartieron con él Gobierno. Todos se saltaron la ley, desdeñaron a la oposición con presencia en el Parlament, humillaron a la población catalana y, lo que es peor, enfrentaron a familias y amigos.

Además llevaron a España a un callejón que como única salida apostó por el artículo 155, que jamás se había aplicado aunque ahora se demostró que su puesta en marcha no fue para tanto. Con su actitud, los responsables de la Generalitat obligaron a empresas emblemáticas a irse de Cataluña, y que nadie lo dude que las financieras y las aseguradoras nunca más volverán. Porque ni pueden -la inseguridad jurídica es una realidad con la que no pueden coexistir- ni quieren -sus beneficios empresariales están en proporción directa con su expansión fuera del territorio catalán-.

Con estos independentistas generando una confrontación insoportable, la economía catalana ha dejado de crecer, las inversiones se han congelado y las tasas de paro han comenzado a elevarse. ¡Eso sí que es un pollo! ¡Y bien montado! Si no, que se lo pregunten a aquellas personas que se han quedado sin trabajo o que incluso han perdido toda posibilidad de tenerlo.

Siendo Cataluña una comunidad con un peso en el PIB español del 19 %, el siguiente pollo se ha montado en el conjunto del Estado. Con esta autonomía vital patas arriba, la salida de la recesión que comenzó en el 2007 no será una realidad contrastada y creíble. La agencia de calificación Moody´s advirtió ayer que el resultado de las elecciones es negativo para el crecimiento de España. El motivo está claro: el deterioro catalán producirá un efecto arrastre sobre el resto del territorio.

Claro que España tiene un pollo montado. Y también lo tiene Europa, que está viendo atónita lo que ocurre en este país. Hay quienes no lo entienden, entre otras cosas porque su referencia son medios de comunicación que han sido desleales con sus conciudadanos a los que no quisieron contarles la verdad.

Estos independentistas, que de solidarios tienen lo justo y la sinceridad no la conocieron desde que llegaron al poder, fueron los responsables de un conflicto que va a llevar a Cataluña y España a una nueva crisis (de cojones, parafraseando a Puigdemont). Toca pensar, razonar y buscar soluciones. Quizá también habrá que negociar pero siempre en el marco de la Constitución porque, si se le da la espalda, el pollo puede infectarse con la rabia y en ese momento, ya no habrá solución.

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