Diálogo y reformas


A nada que repasemos los discursos reales que se realizan por la Navidad, descubriremos que mantenemos abierto un problema que sigue entorpeciendo nuestras vidas. El mismo año en que llegó al cargo el monarca Juan Carlos I, este nos alertó a todos de la importancia de mantener la unidad de España. Desde entonces, el asunto ha sido una constante en todas, en todas, las intervenciones realizadas, aderezado con otros aspectos de actualidad, según el momento, como podían ser el terrorismo, Europa, la alternancia política o la crisis.

Su sucesor volvió, y ahora más que nunca, a centrar su intervención de Nochebuena en la unidad de España. Lo vivido en Cataluña, su durísimo discurso del 3 de octubre y el resultado de las elecciones llevó a Felipe VI a realizar una intervención mucho más conciliadora, apartándose de ejercer el papel de acusador, y reiterando sus llamadas a la concordia y entendimiento. Pero hay un par de ideas en el mensaje que merece la pena recuperar y destacar.

Una vez que reconoció que «no todo han sido aciertos», reconocimiento que niegan sistemáticamente los miembros del Gobierno, sea cual sea la cuestión; y que «persisten situaciones difíciles y complejas que hay que corregir», Felipe VI llamó a superar el clima de fractura social mediante el diálogo, aunque evidentemente dentro de la ley, construyendo una España, dijo, «sobre la base sólida de los principios democráticos y valores cívicos de respeto y diálogo que fundamentan nuestra convivencia».

Y con el diálogo, ausente hasta la desesperación en los últimos tiempos, el monarca dejó otra idea, no menos llamativa. La de ampliar el ámbito de convivencia para disponer de una España «moderna y atractiva, que ilusione; una España serena, pero en movimiento y dispuesta a evolucionar y a adaptarse a los nuevos tiempos», dijo.

Diálogo y reforma del marco general de convivencia; o dicho de otra manera, negociación y una adaptación constitucional a los tiempos que vivimos y a los que se avecinan. Esa ha sido la aportación navideña de Felipe VI a este clima de desafío y combate y a esta relación incomprensible entre insensibles y obcecados de la que se jactan unos y otros.

Aunque sabido es que las intervenciones públicas del monarca reciben el aprobado de la Moncloa, conviene que recordemos y no caigan en saco roto lo del diálogo y las reformas para adaptarse a los nuevos tiempos. Pero, sobre todo conviene que se den por enterados Mariano Rajoy sus miembros de Gabinete. Porque lo mismo le prestaron la misma atención al discurso real que a Raphael cantando El tamborilero.

La aportación navideña de Felipe VI a este clima de desafío y combate ha sido la petición de negociación y una adaptación constitucional a los tiempos que vivimos

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