Tabarnia, qué caricatura, qué incordio


Tabarnia no existe, pero hayla. Tabarnia es una ocurrencia, pero no una utopía. Tabarnia es un chiste, dicen los políticamente correctos, pero es un chiste muy serio. Tabarnia, en todo caso, es un invento que ahora resurge como caricatura del proceso independentista catalán y que está teniendo un formidable éxito mediático: en plenas Navidades cubre el vacío informativo en el que se sumerge la política tradicional. Me dicen que en las redes sociales no se habla de otra cosa y en todas las entrevistas políticas que escuché en la radio o vi en la televisión había una pregunta sobre Tabarnia.

Tabarnia, naturalmente, no tiene identidad jurídica. Pero es una realidad geográfica montada en la Cataluña marítima por donde pasa el corredor mediterráneo, con municipios de las provincias de Barcelona y Tarragona, incluidas las dos capitales. Abarca comarcas de renombre como el Maresme, Vallés, Baix Llobregat, Garraf o el Penedés. Es una realidad económica formada por ciudades y pueblos creadores de riqueza: se dice que supone el 70 % del PIB catalán y que aporta el 73 % de los ingresos de la Generalitat. Y puede ser una realidad política, porque en esas zonas ganó Ciudadanos, frente a la Cataluña del norte y del interior, que hace tiempo desconectó mentalmente de España. Todo esto es artificial, pero está ahí.

Sus ocurrentes creadores tuvieron una idea, robada al independentismo: si los indepes quieren su república, nosotros queremos la nuestra. «Barcelona is not Catalonia». Cataluña nos roba. Proclamamos nuestro derecho a decidir. ¿Cómo va a tomar nadie en serio estas proclamas? Las calificaciones que ha recibido oscilan entre llamarle idea absurda o idea surrealista. Sin embargo tiene algo bueno: al ser una caricatura del procés, el procés se terminará pareciendo a la caricatura. Es la Cataluña que se ríe de sí misma. Es la parte de la sociedad que pone en ridículo los principios del soberanismo. Quizá sea más eficaz que un centenar de discursos.

Si yo gobernase en España, sería muy crítico con Tabarnia, pero de puertas afuera. De puertas adentro, pondría en marcha una maquinaria de apoyo, como si fuese una cuestión de Estado, pero nacida de los medios de comunicación. Abriría espacios de debate. Promovería contenidos informativos en las redes sociales, que son las auténticas creadoras de opinión. Y dispondría de los recursos que maneja el ministro Cristóbal Montoro para que alguien propusiese la creación de esa comunidad autónoma antes de que la reforma de la Constitución identifique por su nombre a las comunidades ya existentes. Darle entidad propia a Tabarnia quizá no sea una forma de resolver el problema catalán. Pero es una forma de ponerlo ante el espejo, como alguien dijo. Y es, desde luego, otra forma de incordiar.

Darle entidad propia a Tabarnia quizá no sea una forma de resolver el problema catalán, pero lo pone ante el espejo

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