Las pensiones siguen bajando


as pensiones subieron nominalmente el año pasado un 0,25 %. Ahora, una vez conocido el incremento del IPC durante el ejercicio recién finalizado, sabemos que bajaron realmente un 0,95 %. El poder adquisitivo de la pensión máxima se redujo en 342 euros: 24,4 euros menos en cada una de las catorce pagas percibidas en el 2017. El poder de compra de la pensión media, cifrada en 927 euros el pasado diciembre, se contrajo en 123 euros, casi nueve menos al mes. En Galicia, que tiene las pensiones más bajas de España después de las extremeñas, la caída porcentual ha sido idéntica. El nivel de vida de los más de 760.000 pensionistas gallegos, que en diciembre cobraron por término medio 783,7 euros -y otro tanto en concepto de paga extra-, era este fin de año un 0,95 % inferior al de la Nochevieja del 2016. Su consumo se redujo durante el año en 104 euros.

Este año recién estrenado será peor. Si se cumplen las previsiones de inflación efectuadas por el Banco de España, los pensionistas perderán 1,25 puntos de poder adquisitivo. ¿Qué significa esto? Las cuentas son fáciles de echar. El Gobierno reiteró su consabido incremento del 0,25%: la pensión media se revaloriza nominalmente en 2,3 euros al mes -la gallega, solo 1,95 euros-, pero la cesta de la compra se encarecerá no menos del 1,5 %. En consecuencia, la pensión media española disminuirá cada mes en 11,6 euros y la gallega en 9,8 euros. Respectivamente, 162 y 137 menos en el año que comienza.

De estas cosas no habló Mariano Rajoy en su balance del año 2017. Tal vez porque su mente sigue anclada en el pasado, como lo delata su lapsus freudiano al felicitarnos el «año nuevo» del 2016 al pie del remozado puente de Rande.

Debería explicarnos por qué, si la economía española va como una moto y creció el año pasado un 3,1 % en términos reales, la cuantía de las pensiones sigue bajando también en términos reales. ¿Cómo se reparte ese tan cacareado aumento de la riqueza? ¿Quiénes son sus beneficiarios, adónde va a parar? Desde luego, no a los bolsillos cada vez más vacíos de los 9,5 millones de pensionistas.

Pero la responsabilidad no recae exclusivamente sobre la espalda del Gobierno. Se extiende a todos los partidos y sindicatos que mantienen empantanadas las negociaciones del Pacto de Toledo. Concluido el informe de los expertos y después de varios meses de cháchara, no se atisba ningún avance en los dos asuntos capitales que se traen entre manos: el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones y el futuro del sistema. El progresivo empobrecimiento de los jubilados de hoy y las escasas posibilidades de que sus hijos cobren una pensión digna el día de mañana. Dos temas baladíes, a juzgar por la negligencia con la que son abordados por nuestros ilustres representantes.

Mientras tanto, esquilmada la hucha de reserva, los españoles seguiremos endeudándonos para abonar la pensión a cada paso más rácana del abuelo. Todavía no hemos aprendido que se puede comer al fiado, a crédito, durante un tiempo. Pero no todo el tiempo.

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