Una cabalgata de tolerancia intolerante


Montar el pollo en las cabalgatas de Reyes de Madrid, y también en las de otras ciudades de España, se ha convertido ya en una absurda tradición a la que, al parecer, los españoles nos tenemos que ir acostumbrando. Crear controversia mezclando la celebración de una fiesta navideña asociada a la infancia con la reivindicación de los derechos del colectivo de lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI) es objetivamente una estupidez, por más que algunos se empeñen en convencernos de que es una gran idea que contribuye a concienciar a la sociedad de la necesidad de integrar a los colectivos más desfavorecidos.

De hecho, utilizar gratuitamente al colectivo LGTBI para generar este recurrente debate ya cansino no solo es una forma de importunar a quienes solo quieren disfrutar en paz de una fiesta que a nadie puede ofender y con la que nadie con el mínimo sentido común puede sentirse discriminado, sino también un insulto al propio colectivo LGTBI, cuyos derechos pueden y deben ser defendidos y reivindicados sin necesidad de que hacerlo suponga confrontarlos con lo de otros ciudadanos a mantener sus tradiciones.

El colectivo Orgullo Vallekano difundió un cartel con el título Cabalgata de Reinas 2018 en el que podía verse a tres mujeres, que resultaban ser la drag queen La Prohibida, la actriz y bailarina de cabaré Roma Calderón y la cantante de hip hop Dnoé Lamiss, dando a entender que, como ya ocurrió en otras ocasiones, representarían a los reyes magos en la cabalgata del Distrito de Vallecas de Madrid. Resucitada así la tonta polémica esperable, el colectivo rectifica y aclara que no representarán a los reyes magos, sino que participarán en la comitiva navideña defendiendo la igualdad y los derechos del colectivo LGTBI con el lema «todos som@s las reinas de nuestras vidas». Pero defender que en la cabalgata de los Reyes Magos tenga que desfilar una carroza del colectivo de lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales para que toda la sociedad esté así representada podría llevarnos al absurdo de sostener que en la cabalgata haya también una carroza de ateos o que en la fiesta del Orgullo Gay desfile un paso de Semana Santa. Sobre todo, porque tanto la cabalgata de los Reyes Magos como la del Orgullo Gay se financian con fondos públicos. Nos aseguran los talibanes de lo políticamente correcto que es necesario que haya una carroza LGTBI en la fiesta de los Reyes Magos para que los niños se acostumbren a ver cómo los espacios pueden ser ocupados por todos. Pero a ninguno de ellos se le ocurre defender, que yo sepa, que en las festividades musulmanas o de cualquier otra creencia que se celebren en España tenga que participar, por el mismo motivo, el colectivo LGTBI. Algún malpensado agnóstico como yo podría llegar a deducir que lo que se pretende con esta ridícula polémica no es fomentar la tolerancia en toda la sociedad, sino más bien la intolerancia con quienes profesan la religión católica, aunque sea a costa de utilizar a los niños para esa causa.

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