Huele a «espantá» en Cataluña


El señor Mas, don Artur, renuncia a la presidencia de su partido político porque realmente no era presidente de su partido político. Quien adopta las decisiones del PDECat, quien decide su estrategia, quien designa sus candidatos a la Generalitat, quien hizo las últimas listas electorales es otro señor llamado Carles Puigdemont, residente en Bélgica por necesidades de fuga de la Justicia. El señor Mas, don Artur, asegura que su dimisión estaba pactada con el partido desde hace un año, pero no resulta muy convincente. Si hubiera ese pacto interno, el señor Mas, don Artur, habría dimitido este lunes en la reunión de la ejecutiva del partido. En vez de hacerlo, envió un mensaje al de Bélgica para pedirle la generosidad de permitir formar gobierno estable y duradero en Cataluña. Los analistas lo entendieron como una sutil manera de insinuar a Puigdemont que dé un paso al lado y deje de incordiar. Algo así como la versión política de la canción de Serrat: «Niño, deja ya de joder con la pelota».

Pero el «no» del fugado a dejar la pelota debió de ser espectacular. Se debió de escuchar hasta el Ampurdán. Y sus seguidores legitimistas en el partido debieron de presionar de tal forma al señor Mas, don Artur, que terminó por tirar la toalla. Después de ganar la batalla electoral a Junqueras, el PDECat es un partido cuya existencia no está demostrada. Se pone a buscar otro líder de paja, obediente al de Bruselas o el mismo de Bruselas, que empezaría así a ensayar su gobernación telemática, por no decir telemaníaca. Y su presencia en el Parlament está camuflada -mejor dicho, diluida- tras el nombre de Junts per Catalunya.

Algo huele a espantá en la política catalana. Carme Forcadell renunció a repetir como presidenta del Parlament por miedo a reincidir y, sobre todo, por miedo a que reincida el juez Pablo Llarena. El exconseller Carles Mundó, hasta ayer candidato a suceder a Forcadell, sorprendió con su anuncio de que se retira de la política y se dedicará a «lo que siempre hizo», que es la abogacía. Y Artur Mas deja el primer plano, como Esperanza Aguirre en su día. Mis fuentes catalanas me dicen que comer y renunciar todo es empezar y que se abrió una vía de retiradas que puede continuar en las próximas jornadas. Por usar una frase de Sáenz de Santamaría, el independentismo empieza a estar descabezado. El miedo a la cárcel está consiguiendo lo que no consiguió la política. El único que no renuncia a nada es el fugado, porque no tiene nada mejor que hacer y está endiosado en su papel de ganador desde el exilio. No es fácil recordar un caso de apego tan patológico al poder. Pero también lo tenía Mas cuando se consideraba el mesías catalán, y ya ven cómo terminó.

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