Ocho años después aún perdura la simbología franquista


En el año 2007 entro en vigor la mal llamada Ley de Memoria Histórica, Ley 52/2017, que en su Art. 15 mandataba a las administraciones públicas, entre ellas Ayuntamientos y Comunidades Autónomas para que se procediera a la eliminación de la simbología franquista en nuestras calles, plazas y espacios públicos. Una parte del movimiento memorialista vio aquella norma como un avance, y otros lo vimos como una parte más de una operación cosmética, porque la misma no respondía a los principios de Verdad, Justicia y Reparación.  

Hoy 10 años después el consenso es generalizado es que aquella norma era aberrante e inconcreta, por lo cual todavía podemos ver plazas y calles con nombres de «ilustres» gerifaltes de la represión, como Yagüe, o de ilustres golpistas, como Aranda, o represores, como Julián Gómez Elisburu,  en muchos espacios públicos. La norma era tan ambigua que ha tenido que ser el movimiento memorialista y republicano, más crítico con la misma, el que presionase a las instituciones, en particular a los Ayuntamientos, para que tomaran medidas efectivas para dar cumplimiento a ella. El PP , que se opuso a esa ley, nunca tuvo voluntad de cumplirla, pero tampoco el PSOE, que la vendió como gran logro, hizo mucho por desarrollarla.     

Desde FAMYR Hemos tenido que recurrir a la movilización ciudadana y a los órganos judiciales para que Ayuntamientos como el de Llanes, Tineo o Villaviciosa hicieran algo en tal sentido. Sí es cierto que tras las últimas elecciones municipales nos hemos encontrado con algunas mayorías políticas distintas, como es el caso de Oviedo, que ha dado pasos decididos en tal sentido. Pero ahí nos apareció de nuevo el PP y los revisionistas de la Hermandad de Defensores de Oviedo a torpedear las decisiones, con su demanda judicial, que estamos pendiente de que se resuelva en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo.               

Resulta un poco cansino tener que seguir argumentando porqué entendemos tan importante la eliminación de esas denominaciones de espacios públicos. Los nombres de las calles son para las personas que han contribuido al progreso de la humanidad, ya sea política, cultural o socialmente. No para personas que han provocado genocidios, masacres, represión y miseria, o vulnerando en alguna forma los derechos humanos, han sido cómplices o encubridores de dichas vulneraciones. El nombre de calles y monumentos es una forma de homenajear a esas personas. No podemos honrar públicamente a personas que han provocado dolor a miles de personas. 

Mientras las cunetas siguen con gente asesinada y sin identificar, sin que la autoridad judicial intervenga, no podemos consentir que los criminales, sus cómplices o sus encubridores pasen como personas dignas de estima en las denominaciones de los espacios públicos

 La Resolución 39(I) de la Asamblea General de la ONU sobre la cuestión española, de 12 de Diciembre de 1946,decía claramente sobre el régimen de Franco:

«…En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen de carácter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hítler y de la Italia fascista de Mussolini…»

Por lo tanto  si para la propia ONU el régimen de Franco gozaba de análoga ilegitimidad e ilegalidad, cuando menos de origen, pero también de ejercicio, como los regímenes de Hitler y Mussolini, no parece razonable que en España pueda seguir rindiéndose homenaje público, con nombre de calles, plazas o espacios públicos, al mismo, a diferencia de lo que pasa en Alemania o Italia, donde resulta del todo impensable que un general de la SS o un Alcalde del Partido Fascista pueda tener dicho reconocimiento en dicho espacio público.

A día de hoy, cuando vemos rebrotes de movimientos reaccionarios y de corte fascista en muchas partes del mundo, y también en España, la lucha contra la simbología Franquista no es baladí. DecíaHannah  Arendt, en su libro «Eichmman en Jerusalén», que la banalización del mal era la mejor forma de que el mal pudiera volver a repetirse. Por eso desde el movimiento memorialista no estamos dispuestos a banalizar el Franquismo con su presencia en los nombre de nuestras calles.

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