Un kamikaze dispuesto a todo


Los que sostienen que llegado a este punto Puigdemont dará un paso al lado para dejar que la normalidad vuelva al manicomio catalán son los mismos ilusos que apostaban lo que no tenían a que no se celebraba la consulta ilegal y, más tarde, que no se produciría la DUI. Ahora están ilusionadísimos porque creen haber visto en el discurso del presidente del Parlament, Roger Torrent, un atisbo de volver a la coherencia. Hay que ser muy iluso para, después de lo que vivimos, pensar que Puchi se va a inmolar renunciando a ser investido president, algo que, según parece, es lo que le aconsejan sus más próximos. Quien inicia una huida hacia la nada ha tenido tiempo más que suficiente para recapacitar y rectificar, si así lo desease, pero que a día de hoy no haya aclarado su futuro y mantenga en vilo a sus más cercanos colaboradores apunta a que todavía cree tener un largo camino por recorrer.

El escandaloso fracaso del procés con el rechazo internacional, fuga de empresas, huidos, encarcelados, desertores, Cataluña dividida y con el sometimiento al 155, ya debía de haber servido para que Puchi y sus más fieles palmeros se hubieran bajado del tren de los locos en el que marchan hacia no se sabe dónde. Motivos y múltiples oportunidades tuvieron para dar un paso atrás e iniciar el camino de la independencia catalana desde la legalidad. Que están en su derecho a intentarlo.

Pero Puigdemont es un iluminado. A decir de analistas psicológicos, es incoherente, dubitativo, desequilibrado, frustrado y conflictivo; se cree el mártir del proceso soberanista y aspira a convertirse en un nuevo Companys, como ya insinuó en varias ocasiones. Y es que además su trayectoria al frente del Govern y como candidato destaca por no cumplir ni su propia palabra ni mucho menos las leyes que redactó, votó y aprobó.

Asistimos a una carrera alocada dentro de un manicomio en el que unos parecen haber visto la imposibilidad de seguir por el camino que habían iniciado y aguardan a mejores tiempos, y otros siguen empecinados en no atender a razones y en hacer bueno el principio de que cuanto peor, mejor.

El futuro de Cataluña, el de las relaciones con España y Europa y el de rebajar la tensión está única y exclusivamente en manos de Puigdemont, por mucho que digan Torrent, Junqueras, Mas y la cofradía de acomodados señoritingos catalanes. Y Puchi no es ni un gran líder, ni un estadista, ni tan siquiera un político de medio pelo. Es un kamikaze dispuesto a todo.

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Un kamikaze dispuesto a todo