La pareja ideal


Hace medio siglo que el rebelde Hal 9000 plantó la semilla del miedo a las máquinas, pero casi nadie le dio importancia. Al fin al cabo, 2001 parecía entonces un año lejano y el universo, un territorio inconquistable. Black Mirror sí consigue sembrar ahora el desasosiego en el espectador con su visión catastrofista porque se desarrolla en lugares reconocibles y en un futuro cercano y creíble.

La serie de Charlie Brooker ahonda en el miedo al vacío que produce el salto tecnológico hacia un espacio abierto tan lleno de posibilidades que resulta inabarcable. Y lo hace todavía más en su cuarta temporada, con capítulos tan oscuros y excesivos como el violento Crocodile o con las turbadoras reflexiones sobre el control parental de Arkangel. Pero no todo es sombrío en los nuevos capítulos. Como el orden de los factores no importa en esta serie, se puede buscar cierto descanso en el melancólico e irónico Hang the DJ. En él, las personas han delegado en «el sistema» la tarea de escoger a la pareja ideal mediante un proceso regulado de ensayo y error. Al fin y al cabo, si el amor es cuestión de química, el éxito debería ser predecible mediante uno de esos algoritmos que determinan qué música nos gusta, qué películas debemos ver o qué deseamos comprar. En ese mundo sin azar, los protagonistas no conciben cómo sería la vida cuando cada cual podía elegir con quién estar y a quién dejar. Mejor tenerlo todo bien planificado.

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