Los paletos del aznarismo


Esa «beautiful»express que dio a luz el aznarismo (y también el pujolismo), esa élite de la chancla y el barco hortera en un puerto de moda, que no pronuncia dos palabras juntas en inglés aunque no para de abusar de los términos del «bussines», esos garrulos que en cuanto rapiñaban unos miles de euros se largaban a matar animales a una reserva africana está aflorando ahora como un cardumen de peces muertos y podridos en el río contaminado.

El juicio infinito de la Gürtel y sus metástasis, una pequeña parte de la fiesta de fin de siglo, no deja de dar un espectáculo al que ya apenas prestamos atención. Sin embargo, los peones del asunto, hartos de jugar al tres en raya en la cárcel, están empezando a cantarse unos a otros todo tipo de madrigales. Porque según los dirigentes populares, sólo Correa y sus lacayos perpetraban todo por su cuenta: ellos organizaban y pagaban los mítines con dinero los empresarios, ellos daban las obras a los empresarios, costeaban las bodas y convites y viajes a Disneyland por simpatía, en fin, demostraban una iniciativa entusiasta por la causa en la que el PP no tenía que ver. Claro está que los que al final se sientan en el banquillo se resisten, dios sabe por qué, a seguir siendo los paganinis de las juergas populares. Empiezan a rebelarse y amenazan con contar todo lo que saben, aunque ya ni el aburrido fiscal se lo cree. Entre las payasadas del 'bigotes' y las lúgubres profecías de Correa, no parece que se vaya a llegar más allá de la playa con las confesiones.

Incluso el ínclito Rato se puso gallo el otro día y advirtió que no se callará, precisamente él. Que hable, que hable, eso es lo que esperamos. Aunque uno se pregunta si puede hacer todavía algún espóiler entre todo el abrumador temario de irregularidades, choriceos, picaresca y cuando menos nefasta gestión que sale a la luz cada vez que alguien levanta una de sus alfombras. Que Blesa se quitara la vida, algo que no debería haber ocurrido, que está fuera de los parámetros de la justicia y la humanidad, no supuso para Rato un tremendo toque de atención. Él y todos los cachorros black, como si nada.

López Madrid, el compi yogui de Letizia, anda también metido en turbios tránsitos por los juzgados. Los limpiabotas de la reina estuvieron muy diligentes para borrar el rastro de la amistad radiactiva, pero el wasap es muy cabrito y se agarra a los móviles como las ladillas. La necesidad que el señorito amigo del rey tenía de mangonear, supuestamente, cae de lleno en lo patológico, como la de Urdangarin. Ambos con la vida resuelta más allá de lo que cualquier persona decente podría desear y ambos intentando engordar mucho más sus cuentas con dinero ajeno.

Todos ponen cara de inocente ahora, pero no cuela. Nadie tiene doble vida, eso no existe. Sólo hay una, y sólo admite dos estados: es honrada o es infame.

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