Si Rajoy quiere seguir, el PP dirá amén

El partido no tiene fuerza para pararle y Feijoo no se va a mover para postularse, salvo que se lo pida el propio líder de los populares


Madrid / La Voz

«Mucho ruido y pocas nueces». Así define un dirigente del PP el debate que en algunos medios se quiere promover sobre el relevo de Mariano Rajoy como candidato en las próximas elecciones generales. Y no le falta razón. Ha bastado que el PP se diera un batacazo en Cataluña, por otra parte esperado, para que se vuelva a poner encima de la mesa un asunto que resulta ya cíclico. Y, a falta de mejores argumentos, hay quien asegura que existe un auténtico terremoto interno protagonizado por quienes pretenden forzar al líder a que se haga a un lado, al más puro estilo Artur Mas, para que el partido no se hunda con él. Nada que no se venga diciendo ya desde hace años, por ahora sin relación con la realidad. Y tampoco se esfuerzan mucho los profetas del apocalipsis popular a la hora de plantear los nombres de posibles sustitutos. Como siempre, Alberto Núñez Feijoo está en boca de todos.

Es cierto que el líder del PPdeG parece estar dando más argumentos a sus promotores, entre otras cosas porque el presidente de la Xunta parece ser ya el único en el PP capaz de sostener un discurso de firmeza frente a los independentistas que esté a la altura del que plantea Ciudadanos, que tan buenos réditos les ha dado a los de Rivera en Cataluña, al contrario que las dudas permanentes de los populares, con Soraya Sáenz de Santamaría a la cabeza, que parecen bailar desde hace tiempo una yenka entre la fracasada operación diálogo y el desesperado «a por ellos» de García Albiol.

Pero de entrada hay que decir que en el PP no hay la más mínima posibilidad de que acabe sucediendo algo parecido a lo que ocurrió en el PSOE, cuando un amplio sector del partido optó directamente por tratar de defenestrar a Pedro Sánchez. En el PP no hay en este momento nadie con fuerza suficiente para forzar a Rajoy a hacer lo que no quiere. Y si Rajoy decide seguir, seguirá, al margen de que sea bueno o malo para el partido. La mejor prueba de ello es el silencio sepulcral que se produjo en el comité ejecutivo posterior a la debacle catalana. Y es que una cosa es hablar fuera, a micrófono cerrado, y otra hacerlo cara a cara con Rajoy. Pero también es cierto que hay gestos cuya interpretación es libre. Uno de ellos es el hecho de que Feijoo, que antes de las elecciones se hartó de decir que Ciudadanos lo estaba haciendo bien en Cataluña y el PP mal, decidiera no asistir a ese comité ejecutivo. Y el de que, por si alguien pensaba que fueron razones de fuerza mayor, al día siguiente Feijoo estuviera ya en Madrid de gira por los ministerios. También es distinto ahora el escenario porque, al contrario que en otras ocasiones, no hay posibilidad de que Feijoo repita como candidato a la Xunta. Ahora ya es o Madrid o la empresa privada. Y, por otra parte, el debate ya no es tanto quién va a suceder a Rajoy, sino quién va a suceder a Feijoo. El presidente gallego mantiene sus aspiraciones. Pero no está dispuesto a emborronar su currículo en el partido. Lo que, traducido, quiere decir que no dará un solo paso para postularse como alternativa a Rajoy. Aunque, obviamente, si el partido le viene a buscar de forma unánime, o si es el propio Rajoy quien acaba proponiéndoselo finalmente, dirá que sí.

Los críticos no saben si el giro de Pedro Sánchez es real

Pedro Sánchez ha dado ya tantos giros en los últimos meses que tiene desconcertado a su propio partido. El secretario general del PSOE, escalado por el calvario que tuvo que pasar con su intento de defenestración por parte de los barones, se ha convertido en un líder hermético y difícil de interpretar. Sus críticos repetían a quien quisiera escucharle que la postura de firmeza contra el independentismo era un puro paripé que desaparecería en cuanto se celebraran las elecciones. Pero ahora son ya muchos los que empiezan a creerse que Sánchez ha dado un giro de verdad y que aspira a ser presidente del Gobierno sin el apoyo de Podemos y sin la más mínima concesión a los independentistas. Veremos.

Casi todos los escenarios en Cataluña son de pesadilla

El Gobierno maneja multitud de escenarios en el avispero catalán, y casi ninguno es bueno. Los más pragmáticos consideran que Puigdemont va de farol y creen que es absolutamente imposible que pretenda realmente ser investido por Skype. Opinan que es una maniobra más de despiste. Otros, no descartan ya nada. Pero la baza de que Junqueras acabe postulándose gusta aún menos, porque, al contrario que lo de la telepresidencia, perfectamente impugnable, se considera que no hay forma de evitar que un preso acabe presidiendo la Generalitat. El sueño del Ejecutivo es que el independentismo presente a un candidato «limpio», aunque cada vez quedan menos. Elsa Artadi sería el mal menor.

Financiación y Presupuestos, grandes objetivos de Rajoy

Mariano Rajoy está más que harto del asunto catalán. En la recepción que ofreció a la prensa en la Moncloa el pasado martes, contestó con resignación a las insistentes preguntas sobre Cataluña. Pero, al planteársele otras cuestiones, dejó ver dónde están realmente sus intereses. El presidente le aseguró a La Voz de Galicia que habla «con todos» de la reforma de la financiación autonómica. Cree posible aprobarla pronto, pero, por encima de lo que suceda en Cataluña, considera que la clave es alcanzar un acuerdo con el PSOE. Sin ese pacto previo, no se lanzará a la piscina. La otra gran ambición de Rajoy es aprobar los Presupuestos del 2018 antes de abril. Está convencido de que el PNV acabará apoyándole.

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