Mariano y la ola de Ciudadanos

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Sin ánimo de despreciar la innegable resiliencia de Mariano Rajoy, el presidente está en un apuro. Cada día que pasa parece más claro que Ciudadanos ha venido para quedarse y que ahora mismo está surfeando una ola buena que le va a llevar a un puerto mucho más importante del que se imaginaban hace menos de un año en la formación de Albert Rivera.

Ciudadanos se ha dado un banquete aprovechando todos los agujeros de los populares. La corrupción, la resaca de la crisis, el descrédito de la política y sobre todo Cataluña, donde Mariano Rajoy no lo ha hecho todo tan mal pero ha sido penalizado por los errores de su tropa, especialmente de la vicepresidenta. Pero Ciudadanos ha ido ganando en coherencia. Lo tiene fácil porque es un partido virgen en responsabilidades de gobierno y puede mantener la mirada a cualquiera sin tener que bajarla por esta o aquella corruptela.

En Cataluña también ha sabido aprovecharse de la situación. Sin las ataduras de un Ejecutivo débil y acosado por todos los flancos, el grupo naranja ha sabido conectar con los grandes olvidados de la crisis soberanista, que no son otros que la mayoría de los españoles. El hartazgo y el malestar de una España que se ha sentido insultada por los independentistas y poco defendida por la mayoría de los partidos, ha encontrado en Albert Rivera y en Inés Arrimadas sendos referentes. Ven en ellos a unos políticos jóvenes, sin peajes y valientes. Capaces de enarbolar con orgullo la bandera de la españolidad y de enfrentarse furibundamente a cualquier tipo de nacionalismo.

Rivera ya se encuentra en la parrilla de salida como futurible presidente de España. A poco que se maneje, sabe que araña votos de los más diversos caladeros, tanto del PP (la mayoría) como del voto moderado de izquierda e incluso de esa bolsa de votos hijos de la indignación que en su día acaparó Podemos.

Si a Ciudadanos no le da por dibujar florituras con su tabla sobre la ola, seguirá creciendo. Salvo que el PP acabe por reaccionar. Que Rajoy se dé cuenta (en realidad seguro que ya se ha dado) y opte por algo tan atípico en él como un cambio de rumbo. La parroquia que por millones ha votado al partido del actual Gobierno necesita percibir algo más que una desigual recuperación económica. El PP comienza a desprender cierto aroma de retroceso, con buena parte del partido comenzando a cuestionar a su líder de puertas hacia dentro.

La primera ecuación que debe resolver Rajoy es su continuidad. Si así lo determina, caerá en la cuenta de que si el cambio en el PP no llega en la figura de su líder, tendrá que hacerlo a través de su corte de confianza o de sus políticas. O de ambas cosas.

Mientras tanto Albert Rivera surfea. Y pensar que él solito se va a enredar en su coqueteo con el éxito y va a ser engullido por la ola, es mucho pensar. La situación cada vez parece más difícil para que Rajoy la solucione a su viejo estilo, es decir, dejando hacer. O cambia algo o, esta vez sí, la ola de Ciudadanos le ahogará en una amarga derrota. Una derrota que podría destrozar al PP.

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