Polémica por «Supernanny»


Existen muchas más probabilidades de que un hijo nazca con un pan debajo del brazo que con un manual de instrucciones claras y concisas para capear el día a día. Si hubiera opción de elegir, muchos padres se agarrarían sin duda a una guía de uso para resolver las dudas que plantea la crianza. En esa incierta travesía, Supernanny se convirtió para muchos en una consulta a domicilio en la que indagar por qué el niño no come, por qué grita o por qué no duerme para poder aplicar soluciones de forma casera. Algunos encontraron, al menos, el consuelo de descubrir que no están solos en sus batallas.

Tras quince años de emisión en distintas cadenas del mundo, el programa de origen británico llegó hace una semana por primera vez a Portugal en medio de una polémica que saca a luz lo que nunca fue un secreto: que el interés didáctico que este espacio de entretenimiento despierta en muchos adultos prevalece por encima de la intimidad de los menores en aras de un supuesto bien superior. Margarida, de siete años, primera protagonista de la versión lusa, se presenta como una niña que «entra en cortocircuito» cuando es contrariada. Fernando, de 5 años, es calificado de pequeño dictador en el segundo. Si los niños se van formando una idea de sí mismos a partir de la imagen que reflejan sus mayores, ¿qué pensarán al verse proyectados así en la televisión?

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