Rato a tus zapatos


Comisiones parlamentarias, controles al Ejecutivo. Debates en el Congreso, en el Senado. En tantos sitios.

¿Sirven para algo?

«Zapatero, a tus zapatos», dice el dicho, y nunca mejor traído ahora que se quiere engañar a la opinión pública con el caso de Bankia, con la Burbuja inmobiliaria, con «país intervenido», con todo este follón que en lo que vamos de siglo montaron unos y pagamos los más incautos.

Se congelaron un año las pensiones, pero no los no contributivas. Cierto. Más llevamos dos legislaturas del PODER en plasma con ellas no congeladas, sino heladas: se elevan los aumentos pensionales hasta el 0,25 %.

¡Qué horror! ¡Qué desfachatez! ¡Qué grosería!

Menos mal que ha sido en plasma; sino era para era para estar las 24 del día en la calle y vigilantes a la puerta de la Moncloa o en la Carrera de San Bernardo los 44 millones de españoles lanzándoles huevos podres. Tal como suena, huevos podres.

Y, se despache el señor Rato con gran titular en su comparecencia ante la comisión investigadora de tantos desmanes como ha ocasionado los sucesivos gobiernos desde Aznar hasta Rajoy en el tema económico, en el tema de la pela, en la inflación, en la Burbuja inmobiliaria, en Bankia y hasta en el sursumcorda. Todo, dice el Sr. Rato: «Ha sido culpa de Zapatero». Él con su Z, lo echó todo a perder. No sólo no vieron la crisis que se avecinaba; sino que incluso dieron dinero a los ayuntamientos y 400 euros a cada españolito para que se compraran chupachus. Y todo a fondo perdido, a cuenta de papá Estado.  

Si, todo fue culpa de Zapatero, o del chachachá, como enfatiza usted señor de la Moto, qué pintaba don Rodrigo cuando aprobaron la Ley del suelo. Porque alguien llevaba la cartera de Economía y Hacienda.

De esos polvos, vienen estos lodos.

No insulte a la inteligencia del honrado y sufrido trabajador de a pie: la mayoría de los 44 millones de españolitos.

Váyase en moto al Caribe, a Luxemburgo o a cualquier paraíso fiscal donde yacen placenteros sus dineros (ahora, parece ser en manos de sus herederos). Mientras, el resto de los humanos, mayores de edad cada año presentamos religiosamente nuestros tributos al Fisco.

Usted, precisamente, fue ministro plenipotenciario de esa cartera «maldita» donde «unos se lo llevan, porque a otros se nos quita».

Señor Rato, no sea farsante. No tiene cara de cómico. Lo suyo no es el teatro.

Lo suyo es la moto.

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