Y Ana Rosa sentenció: jaque mate

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Guste o no, con los impulsores del procés -que después de un proceso de manipulación nauseabunda quiso liquidar España de un plumazo- no acabaron ni el Gobierno de Rajoy, ni el Consejo de Estado, ni el Tribunal Constitucional. Las medallas son para Ana Rosa Quintana que a primera hora destapó el mensaje del escapado Carles Puigdemont al conseller Antoni Comín: «Esto se ha terminado». A partir de ahí, el futuro del independentismo se hizo añicos. Ellos lo intentaron hasta el final. Después de tener claro que su pretensión era irrealizable al no tener el reconocimiento de ningún país de Europa occidental, el expresidente y algunos de sus colegas ideológicos volvieron a infiltrar mensajes envenenados para acabar con España. Al tiempo, siguieron cultivando su sentimiento de xenofobia. Porque ellos, que hace cinco años y dos meses se echaron al monte para liberar a Cataluña de un estado opresor, entienden que son seres superiores que viven puerta con puerta con auténticos pelanas.

Pero la realidad y el miedo les obligaron a cambiar de rumbo. Puigdemont, por su parte, siguió luchando por su vida (personal no política) amilanado por un horizonte penal tremendo. 20 años en la cárcel son muchos, y 15 también. Hay algún politólogo que considera que su objetivo era armarse de lo que se podía llamar capital político -de ahí su intento de volver a ser presidente de la Generalitat- para así poder negociar un indulto.

Esquerra jugó su papel y el prófugo confesó ante las cámaras de televisión -¿en una toma robada?- que ya no tiene recorrido.

El pronóstico del ex honorable parece fiable aunque el problema catalán no se acabe y se convierta en un cáncer latente y amenazante. Es ahora cuando le toca jugar la baza más importante al Gobierno de Madrid. Partiendo de la base que las raíces del procés se asientan en ricos que no quieren que se les asimile a los pobres, Rajoy y los futuros presidentes de España tienen que habilitar políticas y mecanismos que posibiliten que el resto de España se desarrolle al mismo nivel que Cataluña. Los subsidios deben dejar paso a fórmulas magistrales que permitan crecer en la integración y en la creación de un proyecto de país. Ojalá que el jaque mate de Ana Rosa facilite una tormenta de ideas que nos haga a todos más ricos y no más pobres. La pelota vuelve a estar en el tejado político.

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