Cuando fui a Covadonga


Apuesto a que la conoces e incluso a que la bailaste más de una vez si eres de Asturias o has vivido en esta tierra el tiempo suficiente para compartir nuestras canciones. «Covadonga» Es una melodía  fresca,  como d’orbayu, que abre los brazos y  anima el corazón. Y dice de esta manera:

Ven, morena ven, bailemos a la gaita,

ven, morena ven, bailemos al tambor,

que aunque no me quieras todo puede arreglarse,

pues la Virgen dijo:  no le guardes rencor.

Bailemos a la gaita, bailemos al tambor.

A quién a lo mejor no conoces es a la persona que hay detrás de la canción. Una artista valiente, una gran compositora y una mujer sencilla, que recientemente nos dejó a la edad de 90 años pero cuya sensibilidad pervive en un legado cultural que forma ya parte de nuestra historia.

Amelia Muñiz, conocida más tarde por el sobrenombre artístico Mely Duver, nació un otoño de otra época y otro siglo, el 23 de noviembre del año 1927. Aquel mismo día se registraba la primera intervención de una mujer en el hemiciclo del actual Congreso. Mientras, en la Manjoya, los padres de Amelia -Lucía y Manuel- recibían con alegría a la sexta de sus ocho hijos. Catorce años después Amelia ya había escrito sus primeras canciones. Siempre fue autodidacta, y su talento natural compensó aquellas  clases de música y solfeo que no llegó a recibir.

Afirman quienes la escucharon que poseía una hermosa voz pero por timidez nunca quiso compartirla más que con las personas de su círculo íntimo. Quizá por eso su vocación musical se centró en la creación, un campo todavía hoy profundamente masculinizado. Era de esperar en ese contexto -y en un entorno donde lo masculino encarna lo universal- que sus letras ocultaran su sexo. Aunque escribiera en primera persona ella lo hacía como si fuera un varón, un fenómeno muy extendido entre las autoras y poco frecuente a la inversa. Sin embargo en Covadonga, su pieza más popular, el galán reproduce un modelo de masculinidad más acorde a los valores actuales que a los de las generaciones pasadas, y son pocas las canciones de casi medio siglo que pueden enorgullecerse de lo mismo.

A mí, que siempre he pensado que el arte de verdad debe seguir criterios éticos además de estéticos, (porque no concibo belleza sin bondad), me gusta pensar que cuando el público puede elegir escoge en este sentido. Por algo aquella canción compuesta a principios de los 70, por una mujer en la cuarentena que vivía en el Berrón y era desconocida, es hoy un clásico que ocupa el cuarto lugar entre las canciones asturianas de autor más populares. Y es que Mely Duver, la artista,  brotó  sobre la arena que van puliendo los años, como una promesa también de que no hay edad para ver los sueños cumplidos.

Amelia se enamoró muy joven y dedicó la primera mitad de su vida a su otra pasión: sus hijos Antonio y Diego, sus hijas María Eugenia y Salomé, y su marido Antonio. Él también era joven y de espíritu emprendedor. Descendía de una familia con raíces valencianas; un día del siglo XIX un abuelo suyo llegó a Oviedo con varias recetas en la maleta, pero ésa es una historia para otra ocasión sobre cómo en Asturias le cogimos el gusto al turrón y los helados. Mely tomó el apellido de su marido y se llamó a sí misma Duver jugando con las sílabas de Verdú.

Mely tenía  más de cuarenta años cuando retomó su carrera. En 1977 sale a luz por primera vez Covadonga interpretada por el dúo «Almas Unidas» en su disco Para los amigos de Asturias. En 1981 Vicente Díaz  incluyó Covandonga en su álbum fiesta en la aldea. En agosto de 1989 Covadonga suena en directo en honor al Papa Juan Pablo II durante su visita a la Santina. En 2007 publicó sus últimos trabajos en el disco Gijón perla del mar interpretado por la joven  cantante Anabelén Yuste. Amelia fue distinguida en 2008 con el premio Luces de la Ciudad.

El 17 de diciembre de 2017, el día que se fue, tenía inscritos a su nombre en la SGAE más de 100 temas musicales, además de otros tantos compuestos que no llegó a registrar. En total creó más de 200 melodías para todos los gustos entre las que hay habaneras, pasodobles, e incluso tangos. Y muy pocas cosas tienen el poder de unirnos y emocionarnos tanto como una buena canción. Gracias Amelia  por no dejar de soñar y por hacernos soñar contigo.

Covadonga

Cuando yo fui a Covadonga

volví con desilusión,

pues me dijo la Santina

que no me tienes nada de amor.

Como puedes comprender

traigo el corazón partido,

todo lo que te rondé,

morena mía, tiempo perdido.

Ven, morena ven, bailemos a la gaita,

ven, morena ven, bailemos al tambor,

que aunque no me quieras todo puede arreglarse,

pues la Virgen dijo:  no le guardes rencor.

Bailemos a la gaita, bailemos al tambor.

Hoy vuelvo de Covadonga,

traigo alegre el corazón

pues me dijo la Santina

que ya me tienes algo de amor.

Doy gracias a la Señora

del consejo que me dio:

que aunque tú no me quisieras

no te guardara ningún rencor.

Ven, morena ven, bailemos a la gaita,

ven, morena ven, bailemos al tambor,

que aunque no me quieras todo puede arreglarse,

pues la Virgen dijo: no le guardes rencor.

Bailemos a la gaita, bailemos al tambor.

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