Perfectos desconocidos


Es curioso que en el interminable lío catalán se recurre, según interesa, a la ley y a las normas. Lo realmente llamativo es ver que ya hay sentencias preventivas, que a mí entender es esperpéntico que hayamos llegado a esta situación. La colisión entre dos derechos muy sensibles, como son el que tiene la sociedad a recibir informaciones veraces y el de las personas a proteger su intimidad, ha sumado un nuevo caso esta semana con la revelación de unos SMS de Carles Puigdemont al ex diputado de ERC Toni Comín. Ambos han considerado que la publicación de estos mensajes, grabados por unos reporteros de Telecinco en un lugar público mientras Comí consultaba su móvil, vulnera la intimidad de ambos. No dejan de tener razón en que es una intromisión en una conversación privada, pero resulta curioso que quienes se saltaron las leyes y buscaron refugio en un país donde no existen los delitos que en España se les imputaría, ahora sí que consideren que el imperio de la ley debe pesar a quienes captaron los mensajes.

Hay una película que se llama Perfectos desconocidos que precisamente trata de eso: de la vida paralela que tenemos a través de los móviles. Las confidencias que trasladamos a través de las nuevas tecnologías y que pensamos que nunca van a ser descubiertas. Precisamente estamos más controlados y perseguidos que nunca desde que Facebook, Twitter y otras plataformas tienen más datos personales nuestros que los que han conseguido recopilar los propios servicios secretos de muchos países del mundo.

No obstante, la duda está en saber si Comí se confió o si intencionadamente quiso que le grabaran para difundir unos mensajes que, claramente, dejan a Puigdemont en una situación insostenible. La cuestión está en saber si aguantará mucho más en Bruselas, una vez que el martes no fue posible realizar de manera presencial en Barcelona su investidura (su regreso a España parece complicado a tenor de que sabe que le esperará el mismo destino que a Oriol Junqueras).

A todos nos pueden pillar una vez, sea como en este caso, sea por un micrófono abierto o por otro medio, pero lo que queda claro es que al menos sería honesto que las confidencias privadas coincidieran con las declaraciones públicas aunque se esté equivocado. Puigdemont ha demostrado que tiene a la ciudadanía catalana como rehenes y si tuviera un mínimo de responsabilidad terminaría de una vez por todas con el procés, dejando que los catalanes recuperen su autogobierno con un nuevo Govern que daría carpetazo al 155. Uno nunca es imprescindible, así que este perfecto desconocido, al igual que Rajoy y su «sé fuerte, Luis», deberían abandonar el barco y empezar desde cero para restablecer las relaciones en Cataluña, que ahora se encuentran divididas entre los partidarios de la independencia con los que desean continuar formando parte de España.

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