Una medida sexista


En este tipo de asuntos uno siempre se expone a que le partan la cara y a que le vapuleen a la familia, porque el tema levanta pasiones. Pero es que el día que nos movamos por el raciocinio y no por el arrebato, determinadas cuestiones se solventarán por sí solas. De lo contrario solo complicamos aún más lo que ya estaba mal.

La supresión de las azafatas en determinadas competiciones deportivas es una decisión sexista. Una medida machista. Porque para no afrontar la cuestión en toda su dimensión se suprime el origen del problema y a otra cosa. Se ha apostado por lo más fácil. Cientos de jóvenes pierden un puesto de trabajo que les reportaban un dinerillo para sus estudios o irse de copas, que también tienen derecho, por el mero hecho de ser guapas y tener un físico excepcional. Ese es su pecado. Y ahora tratan de disimular el despropósito sustituyéndolas por niños. Otro intento de ocultar su sexismo.

Lo que faltó fue decisión para abordar el problema y solucionarlo como debería. Se dejaron llevar por los impulsos de quienes ven en la presencia de jóvenes en el deporte lo que no quieren ver en las pasarelas de moda, en las tiendas o en aquellas consultas médicas donde una gran parte de los trabajadores son chicas.

Porque el problema no es la presencia en el deporte de jóvenes guapas. No solo pueden estar, sino que deben de continuar y podrían haberlo hecho si en vez de expulsarlas se hubiese aplicado la lógica y se mantuviera la proporcionalidad de la calle y se les liberase de ser mujer objeto para obsequiar al gran deportista y al vencedor. El machismo no está en las parrillas ni en las pistas de tenis; está en la selección que se hace en función de unas exigencias de belleza. Si en vez de elegir a las chicas florero se incorporasen junto a ellas hombres que realizasen su mismo trabajo, mujeres de edad y menos físico y gais, pues se habría actuado con lógica. Y aún más. Hay que vestirlas. Sobre todo vestirlas, porque en algunos casos van como cuando salen de la ducha. Solo les falta el gorro de baño.

El día que no nos sorprendamos por ver en una prueba deportiva a una chica de 21 años, guapísima, al lado de una señora de 60 y de un señor de 55, y eso sí, todos debidamente vestidos y no siendo floreros, habremos solucionado el problema que sí existe y que algunos creen haber solventado ocultándolo. Porque no nos sorprendemos en la carnicería de la esquina cuando vemos a chicas de 60-90-60 compartiendo espacio con señores de 160-190-160. Y es que es la selección natural de la sociedad pero no se enteran.

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