Rajoy pone a prueba la unidad del PP

Si hoy impone la quita en la deuda pese a las críticas de los barones, los populares se quedarían sin discurso nacional coherente

.

Madrid / La Voz

En España, el que resiste, gana. Mariano Rajoy ha hecho suya la máxima de Camilo José Cela. Y con ella no le ha ido mal porque, a pesar de las dificultades, enfila su séptimo año como presidente del Gobierno. Su capacidad de resiliencia está más que demostrada. Pero lo que Rajoy intenta a partir de hoy es ya la cuadratura del círculo, que consiste en, además de gobernar con todo el Parlamento en contra, incluidos sus teóricos aliados de Ciudadanos y el PNV, hacerlo de espaldas a los principales líderes de su propio partido, que rechazan firmemente su idea de hacer una quita en la deuda de las comunidades que más han derrochado.

En esas circunstancias, la reunión que hoy mantiene Rajoy en Génova con los barones del PP se convierte en una prueba de fuego para medir hasta qué punto tienen estos alguna capacidad de condicionar la política del Gobierno. Tanto el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, el único que gobierna con mayoría absoluta, como la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, y el de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, han rechazado tajantemente la posibilidad de una quita. Si a pesar de todo Rajoy acabara imponiendo una medida claramente discriminatoria para las autonomías que hicieron sacrificios para controlar su deuda, el PP añadiría a sus múltiples problemas actuales el de quedar reducido a un partido irrelevante, en el que no existe más voz ni más criterio que los de su líder.

El problema que se presenta para el PP es que lleva camino de acabar incurriendo en los mismos errores que han llevado a otras fuerzas, el PSOE, sin ir más lejos, a carecer de un discurso nacional coherente, porque cada líder regional tiene el suyo propio y el de su líder cambia en función de las circunstancias. Ahí está lo que ocurrió cuando el PNV consiguió a cambio de su apoyo a los Presupuestos un acuerdo sobre el Cupo claramente discriminatorio, que implica que cada gallego reciba al año menos de la mitad de financiación que un vasco. Cuando Feijoo alzó entonces la voz, el propio PP del País Vasco salió en tromba a defender ese acuerdo injusto, sabedor de que oponerse a él sería un suicidio electoral. Y lo mismo puede acabar sucediendo en Cataluña o en la Comunidad Valenciana, donde los líderes regionales del PP defenderían una hipotética quita de la deuda si el Gobierno impone esa medida, lo que acabaría generando una fractura interna de muy difícil arreglo en el partido y de la que solo se beneficiaría, una vez más, Ciudadanos.

La situación es enormemente compleja porque, incluso en el más que probable caso de que Rajoy ofrezca hoy alguna forma de compensación a las comunidades que han cumplido fiscalmente, el mensaje que se estaría dando es el de que desobedecer las órdenes de control del gasto público no solo sale gratis, sino que tiene premio. Y, además, el hecho de que el Estado central asumiera esa enorme cantidad de deuda implicaría que habría menos recursos a repartir a la hora de financiar a las autonomías. La cita de hoy es por ello una de las más importantes que los populares han celebrado en los últimos años. Y, aunque no cabe esperar una ruptura total, de cómo concluya la reunión depende en buena parte el futuro del partido.

La fractura independentista amenaza el futuro del procés

El optimismo empieza a cundir entre los partidos constitucionalistas al comprobar las enormes dificultades del independentismo para ponerse de acuerdo en la elección de un candidato a la presidencia de la Generalitat. La opción de Puigdemont es imposible y, por eso, cuanto más se alargue ese debate estéril más fracturas se abrirán entre los partidarios de la secesión. Se da por seguro que la aspirante será finalmente Elsa Artadi. Pero el hecho de que el perfil elitista y escasamente político de la jefa de campaña de Puigdemont choque de frente con la CUP y con ERC, alimenta la idea de que, aunque se acabe formando Gobierno, el procés fracase por la ruptura entre los secesionistas.

El PP cree que la arrogancia de Rivera jugará en su contra

En política, cuando las expectativas son malas, cualquier dato que no sea directamente catastrófico se toma como un buen resultado. Es lo que ha sucedido en el PP con la última encuesta del CIS que, a pesar de constatar la tendencia a la baja del PP en favor de Ciudadanos, situó todavía muy lejos la posibilidad de que el partido de Albert Rivera le arrebate la primera posición. El susto ha servido, sin embargo, para el que el PP y el Gobierno aceleren en sus ataques frontales al partido naranja. Tanto en Génova como en Moncloa están convencidos de que la inexperiencia y la arrogancia que achacan a Rivera desde que los sondeos soplan a su favor acabarán jugando en su contra y bajando el suflé.

Feijoo juega al despiste, pero no piensa en otro mandato

Alberto Núñez Feijoo no será candidato a la Xunta por cuarta vez en el año 2020. Aunque se guarda siempre mucho de dar una respuesta categórica, quienes lo conocen aseguran que no hay la más mínima posibilidad de que tal cosa suceda. Otra cuestión es que trate de impedir que se consolide la idea de que está ya en la rampa de salida diciendo que seguirá siendo presidente cuando el portavoz de En Marea, Luís Villares, ya no sea diputado. Una frase con interpretaciones múltiples. El futuro de Feijoo está abierto. Pero ni por lógica política ni por circunstancias familiares piensa en este momento en un cuarto mandato. Si el tren a Madrid pasa de largo, su viaje político podría tocar a su fin.

Valora este artículo

1 votos
Comentarios

Rajoy pone a prueba la unidad del PP