El Jamón Jamón


Escribo este artículo sentado en unas escaleras. Mientras, bebo una mahou que ahora reposa encima de la máquina de tabaco. Estoy escribiendo en el Jamón Jamón.

Este bar se ha convertido en la espina dorsal del ocio y la noche ovetense. El Jamón empezó siendo mi punto de partida para consumir la noche, luego también se erigió como sitió del vermú. Ahora es el eje central de cada uno de mis fines de semana. Chus y los camareros han pasado de simples trabajadores a ser amigos.

Es el lugar para hacer eso tan criticado por algunos y, a la vez, tan necesario: ver y dejarse ver. Ya lo decía Joselito El gallo: «No sólo hay que ser torero, también hay que parecerlo». Aquí como, bebo, canto, me enamoro, grito, me echan; aquí disfruto. No voy a decir que en el Jamón Jamón estoy como en casa, por aquello de que como fuera de casa en ningún sitio. Pero esto está dentro de mi zona de confort, y nadie quiere entregarse a la noble labor de la dipsomanía en territorio comanche.

Al Jamón le acaban de imponer una multa, que la pagará Chus: que para eso es suyo el bar y los benéficos. Pero una multa que va contra mi, contra ustedes, contra libertad de cada individuo, contra todos aquellos amantes del hedonismo. Por cierto, algo muy común entre los extremismos. Se sanciona al establecimiento por el consumo de bebidas en la vía pública. La rebeldía de nosotros, los clientes, es lo que ha provocado esto. Esto, salir con una consumición a la puerta del bar porque dentro no hay sitio o no se permite fumar, debería ser lo normal, pero no lo es. Tomar la calle por asalto con el vino en la mano forma parte de la idiosincrasia de la ciudad, de la región. Por las venas de los asturiano corre sangre jacobina y hectolitros de alcohol: borracha y dinamitera. No dejemos que nos domen.

En España -¡que desgracia!- se prefiere prohibir a educar; y el gobernante se ve como pastor y no como maestro. Pese a estar totalmente en contra de esta sanción, conviene recordar, a todos los que invadimos la acera, que las normas de educación y civismo nunca hay que olvidarlas: he visto a gilipollas no apartarse ante gente en silla de ruedas o carritos de bebé. La multa es contra el Jamón Jamón y contra mí. Con lo fácil y bonito que sería peatonalizar esta calle.

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