«Fakes» y barra libre de odio


Son 9.500 millones. La cifra tal cual, desnuda, asusta. Con contexto, que casi siempre es el rey en el mundo en el que vivimos, aterra, estremece, conmociona incluso a megacorporaciones como Facebook y Google. Porque es el presupuesto que maneja el gigante Unilever en campañas de publicidad para sus grandes marcas (¿les suenan nombres como Dove, Axe o Lipton?). Gran parte de ese dinero, unos 2.400 millones de dólares, se invierte en anuncios en línea. O se invertía hasta ahora.

La compañía ha pintado una enorme línea roja ante los morros de los reyes del social media: o mueven el culo y hacen algo para dejar de ser autopistas para las fake news, el racismo, el sexismo, los discursos extremos y la propaganda política de organizaciones terroristas (accesible incluso para niños) o la gallina dejará de poner huevos de oro.

 La amenaza va en serio. Se acabó propiciar la división social y la erosión de las democracias. Unilever ya ha entablado negociaciones con Facebook, Google, Twitter, Amazon o Snapchat. No necesita hacerlo con la mayoría de los medios tradicionales. Los que siempre han entendido que hay que ser responsables, que no todo vale y que, a largo plazo, no se va a ningún lado con un modelo basado en miras estrechas y barra libre de odio.

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