Habrá que dar la bienvenida a Ciudadanos al club de la marrullería y el trilerismo porque así ya estamos todos y ya se sabe que cuantos más seamos, mayor es el alivio que sentimos. ¿Si los demás lo hacen, por qué no podemos hacerlo nosotros?, se preguntan todos los implicados en este lodazal; que es una justificación muy razonable y de gran peso.

Pero lo cierto es que el club ya está al completo. Los miembros del clan del tres por ciento, que son los mismos que los que nos esquilmaron en el caso Palau, los de los ERE en Andalucía, los que se trajeron los dineros de países como Irán y Venezuela y los que nos desvalijaron a manos llenas en los últimos tiempos. Ya tenemos cerrada la relación a la espera de nuevas incorporaciones, que, a buen seguro, las habrá, porque llevamos años y años padeciendo la financiación de los partidos políticos y somos incapaces de solucionarlo.

El Partido Popular, que está pasando un calvario en los tribunales con los sumarios de la Gürtel, Valencia, Madrid y no sé cuántos sitios más, ha llevado ahora la acusación al terreno de Ciudadanos, algunos de cuyos candidatos, según denunciaron dos arrepentidos en el transcurso de su comparecencia en la comisión de investigación en marcha en el Senado, echaron mano al bolsillo para poder ir en las listas. La denuncia la hacen los populares, que dan por buena la declaración de dos expulsados de la formación naranja, cuando ellos siempre se amparan en eso tan conocido de que ese señor ya no pertenece a este partido.

Pero a la espera de que alguien nos explique la diferencia que existe entre poner dinero antes de ser candidato, como parece que hace -o hizo en campañas anteriores- Ciudadanos, o ponerlo para organizar los actos electorales, como hacen en el PP, la denuncia rebela que la financiación de los partidos no se soluciona de forma efectiva porque no interesa a ninguna de las formaciones afectadas. No podemos ni imaginarnos lo que sería de unos y otros si no tuvieran artillería reservada para los momentos de mayor enfrentamiento con la que dañar al adversario. Y, sobre todo, si en las campañas tuvieran que ajustarse a las cuentas que hacen públicas.

La denuncia de los populares hacia sus hermanos gemelos tiene una parte que debería de ruborizarlos. Porque resulta vergonzante que se anden preguntando si uno puso dinero para ser candidato y otro cobró sobresueldos, cuando hace años que los ciudadanos, que deberían de ser los protagonistas a los que se deben, queremos cerrar este debate y les exigimos que arreglen el problema de la financiación y ,de paso, si les caía bien y no era mucha molestia, pues también el de la corrupción que ha azotado de forma inmisericorde a todo el país a lo largo de los últimos años. Pero ya se sabe que en este país, como acaba de iluminarnos el gran Felipe González, no hay corrupción estructural, sino que «hay un descuido generalizado». Otro que se ha ido a vivir a Marte.

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Pues ya estamos todos