De himnos


El himno de Suiza, al contrario de lo que ocurre con el español, sí tiene una letra que poder cantar, pero hay en el país quien piensa que desde 1841 se ha quedado desactualizada. Algunos ciudadanos la tararean porque ni siquiera la conocen, según critica una asociación filantrópica que, siguiendo el signo de los tiempos, abrió hace cuatro años una consulta en Internet para elegir un nuevo cántico nacional. La campaña concluyó con las tres finalistas más votadas compitiendo en un programa de televisión en el que el ganador, un tema musical en cuatro lenguas, se proclamó vencedor por el procedimiento habitual, a golpe de SMS. A día de hoy la canción ya suena en algunos actos públicos, pero aún pelea por lograr el respaldo popular y, sobre todo, el estatus oficial.

En Francia, el ministerio de Defensa lanzó hace un par de años una campaña en YouTube para acercar La Marsellesa a los jóvenes. La condición era que colgaran vídeos breves cantando la primera estrofa. La convocatoria se llenó de parodias y actuaciones rocambolescas muy alejadas del fervor patriótico que querían despertar. No pasó nada, tal vez porque el país ya está vacunado desde los años setenta por la polémica versión reggae que firmó el rebelde Serge Gainsbourg.

Observando la tendencia, que Marta Sánchez cante su balada en la Copa del Rey, en una versión casera de la Super Bowl, podría parecer inocuo. Pero un reality de himnos no es una posibilidad negociable.

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