Los rescoldos del odio


El pasado domingo se vivió en Andoáin, Guipúzcoa, una de las escenas más bochornosas de los últimos tiempos: unas doscientas personas recibieron como héroes a dos etarras que acababan de salir de la cárcel. El heroísmo de esos individuos había consistido en dar toda la información de Joseba Pagazaurtundúa para que un comando de ETA lo asesinase. Alguien definió el momento como «la foto de la vergüenza». No coincide para nada con esa imagen que todos hemos asumido de un País Vasco sosegado, donde ya no hacen falta guardaespaldas y está asegurada la convivencia. No es del todo verdad. Igual que después de los incendios forestales quedan los rescoldos que pueden reavivar el fuego, en lugares de Euskadi queda el rescoldo del largo incendio terrorista. Se llama odio.

Este cronista no le quiso dar más importancia porque, al fin y al cabo, doscientas personas en una población de casi 15.000 habitantes no dejan de ser una minoría insignificante. Casi es peor difundir el episodio que su propia existencia. Ojalá los simpatizantes de ETA en esa localidad hubieran sido siempre dos centenares de individuos. Lo que da más dimensión política al episodio es lo que Arkaitz Rodríguez, secretario general de Sortu, declaró después a Radio Euskadi. Frente al recibimiento a los «héroes» protestaron seis dirigentes del Partido Popular. Solo fueron seis, y solo del Partido Popular, ante la indiferencia de todos los demás, pero con una valentía que bien merece algún elogio. Y el tal Arkaitz, sucesor de Arnaldo Otegi al frente de Sortu, hizo el mismo comentario que habría hecho en los años de plomo cuando disparaban a la nuca de los concejales del Partido Popular: es ese partido el interesado en «estirar el chicle del conflicto armado».

Ellos, los de Sortu, son quienes aclaman y hacen homenajes a los asesinos, pero los violentos son, quizá somos, los demás. Como supongo que Arkaitz es consciente de que ese discurso ya no cuela, inventó una definición para el gesto de los seis de la resistencia: fue «un escrache que organizó el PP». ¡Pobres exégetas de los terroristas! Son doscientos, pero los rodean seis alborotadores extremistas que salen de la caverna para mantener el conflicto armado. Los del Partido Popular -y también los del PSE, pero ese domingo no estaban en Andoáin- solo vivían cómodos y tranquilos mirando si les habían puesto una bomba debajo de sus coches.

¡Qué nivel de discurso político! ¡Qué categoría de defensa de sus acciones! Lo triste es que, después de casi un millar de muertos, la catadura moral de Sortu le permite seguir honrando a los asesinos como defensores del pueblo. Es lo dicho: ya no hay tiros en la nuca. Pero siguen totalmente activos los rescoldos del rencor.

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