Un rey demérito


Décadas después de sus refriegas radiofónicas, que incentivaron las audiencias de sus respectivos programas deportivos nocturnos, Jordi Évole reunió en La Sexta hace dos domingos a José María García y a José Ramón de la Morena, para morbo del respetable afín al deporte/negocio/circo por excelencia. 

El producto del encuentro no tuvo mayor relevancia por parte de ambos que la de definir aquellas disputas, en la que se dijeron de todo durante años, como una soplapollez, y tener de Supergarcía un retrato tan fidedigno como el que ofreció Pedro Delgado, cuya sinceridad es digna de resaltar para mayor reconocimiento de las interioridades del oficio entre quienes hacen de su gestión un ejercicio de megalomanía mayor.

El breve diálogo entre los dos periodistas deportivos no habría tenido más trascendencia si Jordi Évole no hubiera logrado poner al teléfono al mismísimo rey emérito, devoto de García, sobre el que dio su convencional y laudatoria opinión, sin permitirse responder a lo que hace un rey emérito un miércoles por la mañana o a la exclusiva que hubiera publicado Supergarcía de contar con la noticia de su accidentada expedición cinegética en Botsuana.

En este punto, don Juan Carlos de Borbón y Borbón dejó a Évole con la palabra en la boca, ganándose la admonición de García en el plató y de cuantos sin pleitesía juzgamos al monarca como lo que es: un servidor público al que mantenemos a cuerpo de rey.

Que nadie haya logrado en cuarenta años entrevistar en nuestro país al anterior Jefe del Estado con libertad para hacerlo sin protocolos coercitivos, tal como apetece Jordi Évole, es otra de las lacras de la monarquía vigente, heredera -también en esto- de la dictadura que la reinstauró. Que don Juan Carlos le dijera a García ¿qué haces vestido de maricón?, según contó el propio periodista, denota hasta qué punto abunda en delicadeza el exmonarca, según tiene acreditado por estirpe.

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