Lo siento, esa no es la libertad


Sí, es verdad: ayer fue un mal día para la libertad de expresión. Sí, es verdad: no se debe meter en la cárcel a un rapero cuando existen multas que pueden sustituir a la durísima condena de prisión. Sí, es verdad: en democracia no se debe secuestrar un libro como Fariña cuando las personas aludidas tienen vías judiciales para reponer su honor, si lo consideran perjudicado. Sí, es verdad: no es estético retirar unas supuestas obras de arte de la Feria de ARCO. Sí, es verdad: cuando eso ocurre en un solo país y en un solo día, da la impresión de que en el poder político y la Justicia persisten algunos resortes dignos de sistemas dictatoriales. Y también es verdad que esos hechos, bien explotados por quienes quieren derribar el sistema, son fácil recurso para la manipulación.

Excluyo de mis reflexiones la obra de Nacho Carretero. Ya dije que si alguien se ve maltratado en sus páginas, tiene recursos para la reclamación jurídica. La juez que ordenó la retirada del libro ha cometido el error de su vida. Pero de los otros dos casos necesito decir algo. Está mal, insisto, que se retiren obras de ARCO. Personalmente tengo dudas de que se puedan considerar una creación de valor artístico, pero personas de mejor criterio lo han hecho y se lo respeto. Pero ¿se sabe el daño que se hace titulando la colección como Presos políticos? ¿Hay que dar un espacio de nobleza y proyección a quien deteriora con esa calificación al propio Estado de Derecho y legitima que se hable de persecución de las ideas? Si existen presos políticos, apaga y vámonos: no hemos progresado en democracia. Si no existen, el Estado tiene derecho, por lo menos, a no dar altavoz a quienes lo dicen. No se mete a nadie en la cárcel, solamente se corta una falsificación.

Respecto al rapero Valtònyc, si hay una petición de indulto, la firmo. No lo quiero ver en la cárcel. Pero no puedo defender las letras de canciones por las que fue juzgado. No puedo defender que se pida que el miedo llegue con llamas a las puertas de Rubalcaba; que explote un bus del PP con nitroglicerina; que reclama que ETA ponga una bomba y explote; que grita «gora ETA» y califica a esa banda como una gran nación; que desea un atentado contra Montoro; que quiere a Cospedal mutilada; que habla de fusilar al rey o de verlo con la soga al cuello; que cree que Bauzá debería morir en una cámara de gas; que mataría a Esperanza Aguirre después de ver a su hijo entre las ratas, o que reclama amonal en los coches oficiales…

¿Es esa la libertad de expresión que hay que defender? Conmigo no cuentes, Valtònyc. Y usted tampoco, Pablo Iglesias, que ponía esas canciones en su programa de televisión. Cantar eso no es libertad. Es pura incitación a la violencia criminal.

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