Tomadura de pelo


Para Rajoy, exigir, sin más, que suban las pensiones es una tomadura de pelo. Sin embargo, los pensionistas están convencidos de que la subida del 0,25 % que les anunció por carta la ministra Báñez es la verdadera tomadura de pelo. Piensan, indignados, que mejor habría hecho ahorrándose el coste de las misivas. No entienden que, al tiempo que el Gobierno presume de la recuperación económica y del final de la crisis, ellos sean los nuevos paganos y pierdan poder adquisitivo. Por eso, han salido masivamente a protestar a las calles. Ya no es solo que haya pensiones de miseria, sino que cada vez valen menos por el efecto voraz de la inflación. El mínimo exigible sería volver a la revalorización automática en aplicación del IPC y aumentar muy por encima las más bajas. Mientras, «el sistema», llamémoslo así para entendernos, traslada de forma atosigante, por tierra, mar y aire, que el modelo público no es sostenible, presenta un futuro apocalíptico y predica, incluso el propio presidente del Gobierno, que los planes privados son la salvación. Sostienen que no hay dinero. Falso. Siempre hay dinero si se quiere que haya dinero. De eso trata precisamente la política, de establecer prioridades de gasto. Si hay fondos para rescatar bancos y autopistas con cifras escalofriantes, ¿cómo no va a haberlos para las sacrosantas pensiones? Si los gobernantes no aportan soluciones, ¿para qué los queremos, para que nos lancen el mensaje del sálvese quien pueda? La rebelión de los jubilados ha pillado por sorpresa al Gobierno, pero bien haría en atender sus demandas. Y preveo que, si siguen las protestas, lo hará, según se acerquen las elecciones, porque son el gran caladero de votos del PP. Entonces encontrará el dinero hasta debajo de las piedras. Ya verán.

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