La «OT» de Pablo Motos


Cuando los concursantes de Operación triunfo volvieron a casa descubrieron que todo es mucho más pequeño y oscuro de lo que recordaban. Vivir tres meses bajo los focos luminosos de la televisión puede transformar una vida y así lo confirmó Alfred, la mitad de la pareja eurovisiva, el lunes en El hormiguero cuando saludó a su madre evocando las noches en que ambos veían el programa solos en el sofá comiéndose una pizza delante de la tele. «Pues ahora soy yo el entrevistado», exclamó a cámara. Amaia, la otra mitad, admitió que suele buscarse en Google para calibrar el alcance de su fama. «¡Hasta salimos en Wikipedia!», dijo, sin creerse aún el fenómeno.

Amaia y Alfred le dieron el lunes a Pablo Motos su tercer programa más visto de la historia con esas anécdotas que deleitan a su público, como las populares ventosidades de la ganadora de OT, y con un dominio escénico que les permitió gastar al presentador una broma pactada demostrando gran soltura. Motos y Antena 3, que no suelen tener reparos en invitar a estrellas de otras cadenas si la ocasión lo merece, les correspondieron con una emisión extralarga que hizo de este aperitivo del horario de máxima audiencia el auténtico prime time de la cadena, uno de los últimos cartuchos para hacer en el recuento de espectadores de febrero su propia «operación triunfo».

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