Querido Chus, tu guardia ha terminado


Hay veces que la vida nos golpea tan fuerte que es difícil recomponer la figura. Cuando se te va un amigo, un compañero como Chus Otero, un maestro como lo fue para mí y para tantos y tantos intensivistas de este país, hay que tratar por todos los medios de hacerlo.

Por uno mismo, por Lola, por sus hijos, por su familia, por sus compañeros de la ONT, por tantos y tantos colegas de profesión que lo quieren y lo admiran, por los cientos y cientos de personas para las que consiguió un órgano, por los trasplantados que ha habido y por los que vendrán.

Por eso, no te quiero pensar, Chus, tumbado en una cama de la UCI del HUCA en la que durante tantos años trabajamos juntos. Donde la vida y la muerte estiran los brazos hasta llegar a tocarse a menudo con las yemas de los dedos.

Prefiero recordarte con la bata puesta. Enjuto, rebelde, comprometido, con tu pelo largo y la barba cana, muy cerca de la cabecera de la cama de los pacientes que más te necesitaban.

Te prefiero recordar mirando las gráficas, las constantes vitales, los encefalogramas, siempre en tensión, siempre alerta, tomando decisiones rápidas para mantener a tus semejantes de este lado de la tenue línea que separa la vida de la muerte y que en pocos lugares es más fina, endeble y permeable que en las unidades de cuidados intensivos de un hospital como el HUCA, en el que desarrollaste la mayor parte de tu vida que, en este caso, como solo ocurre con unos pocos elegidos entre los mejores, es también tu carrera profesional.

Prefiero recordarte con el fonendo, unido inseparablemente primero a un busca, después a un móvil que mandaba una señal que activaba uno de los protocolos más complejos y valiosos que existen y que mejor definen a este país como sociedad; coordinando una extracción, un transporte, un trasplante, reunidos  con los familiares. Una vez y otra y otra hasta conseguir para la sanidad asturiana unas tasas de donaciones de órganos que siempre nos han situado en los primeros puestos del ránking nacional que es como estar en la élite del mundo. 24 horas al día, 365 días al año y así durante casi tres décadas.

Pero a veces, aunque no queramos, aunque nos cueste mucho, aunque nos duela, no queda otro remedio que recomponer la figura y tomar la palabra para agradecerte todo lo que has hecho por la sanidad asturiana. Para felicitarte por haber hecho equipo, por dejarnos en buenas manos. Y para decirte hasta siempre, querido Chus. Te ha llegado el relevo. Tu guardia ha terminado.

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