¿Hay razones para que se quejen nuestros jubilados?


Posiblemente no hay un colectivo con tanta influencia sobre la política económica que los pensionistas. Se han venido manifestando en las últimas semanas y desde el Ministerio de Hacienda se acaba de plantear una nueva deducción en el IRPF.

El cobro de una prestación contributiva tras haber trabajado toda la vida es un derecho reconocido por la Constitución. Sin embargo, desde hace muchos años se sabe que el modelo actual no es sostenible. Su funcionamiento fue el adecuado cuando el mercado laboral permitía unos salarios dignos que posibilitan amplias carreras de cotizaciones, y cuando el peso de la población mayor sobre las cuentas públicas era sostenible. Pero en los últimos años se está viviendo el fenómeno contrario.

¿Hay razones para que se quejen los pensionistas? Para responder a esta pregunta hay que tener en cuenta que el sistema de pensiones en España se basa en la técnica del reparto, esto es, los que en su momento trabajaron y cotizaron esperan que cuando les llegue la edad de jubilación puedan acceder a una pensión digna. Por lo tanto, el sistema funciona basándose en la confianza de que cotizar hoy, te permitirá una pensión en el futuro.

Hasta aquí todo bien.

El problema aparece cuando se cambian las reglas del funcionamiento del sistema y se introducen cambios que suponen una merma de las cantidades cobradas o una reducción de los derechos adquiridos. O dicho de otra forma, cuando unilateralmente se cambia ese contrato social. Esto es lo que ha pasado con el funcionamiento del sistema de pensiones.

Con esto no quiero decir que no haya que introducir cambios. Cuando hace más de tres décadas estaba cursando mi licenciatura de Económicas en Vigo, nuestros profesores ya nos indicaban los problemas financieros de la Seguridad Social. Por lo tanto, las reformas son necesarias.

Las pensiones están aseguradas, ya que si no llegan las cotizaciones, incluso habiéndose agotado el Fondo de Reserva, siempre se puede acudir a solicitar un préstamo al Estado, o a derivar parte del coste de las pensiones hacia el sistema impositivo. Por lo tanto, pensiones públicas habrá, no se preocupen. Lo que no tengo tan claro si la cuantía futura abonada será suficiente para mantener la calidad de vida de los futuros pensionistas. Me temo que no. Los primeros en darse cuenta son los actuales jubilados que ven como sus pagas se actualizan al 0,25 %, un porcentaje que no se entiende si estamos creciendo al 3 % y si el IPC está cercano al 1,7 %.

Es más, el problema no es el momento actual, sino el medio plazo. Veo dificultades entre el 2025 y el 2050, ya que costarán el 15% del PIB, según la Comisión Europea. Ese será el verdadero reto. Por lo tanto, la preocupación de los actuales pensionistas, sin minusvalorarla, es notablemente menor que la que tendríamos que tener los que nos retiraremos en los próximos veinte años. A no ser que mejore el mercado de trabajo, se incrementen sueldos o se consigan recursos, el problema no es tanto hoy, sino mañana.

Autor Alberto Vaquero Profesor titular de Economía Aplicada. Grupo GEN de investigación. Universidade de Vigo

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