Sobrevivir al «Oscargate»


Entregar el premio gordo a la película equivocada fue el giro argumental que el año pasado puso el punto imprevisible en la liturgia de los Óscar. Las únicas cabezas que rodaron a causa de aquel sobre traspapelado fueron las de los auditores que tuiteaban entre bambalinas en lugar de estar a lo que hay que estar. Esta noche, Warren Beatty y Faye Dunaway se resarcen del Oscargate proclamando de nuevo el mejor largometraje y el presentador Jimmy Kimmel, que esquivó aquel trance con destreza, aspira a revalidar su puesto entre los mejores anfitriones de la historia de estos premios, siempre por detrás de los numerazos musicales de Neil Patrick Harris. Kimmel reivindicó a Hollywood como un lugar hospitalario con los extranjeros. Allí, dijo, solo se discrimina en función del peso y la edad. El presentador de late-night se ha convertido en una de las lenguas más afiladas contra Donald Trump. Hace meses conmovió al país al narrar en su programa la enfermedad coronaria de su bebé y la costosa cirugía que precisó. Entre lágrimas, se preguntaba por el fin del Obamacare y las oportunidades que, en esa situación, tendría un niño con padres peor remuneradow. El tiroteo de Parkland le sirvió para denunciar la pasividad del presidente. Es probable que hoy el televisor de la Casa Blanca sintonice otro canal.

Valora este artículo

1 votos
Comentarios

Sobrevivir al «Oscargate»