Peligro, demagogia


El día 14, dentro de una semana, debate parlamentario sobre pensiones. Don Mariano Rajoy lo definió como «el debate de la legislatura» y lo será. Sobre todo para él, que se juega la renovación de la confianza de los pensionistas, y son nueve millones. Si garantiza su voto, seguirá siendo presidente y quizá por amplia mayoría. Si pierde ese debate, el PP seguirá bajando en las encuestas. El Pacto de Toledo ordenó apartar las pensiones de la contienda política y se logró de forma bastante satisfactoria durante más de veinte años. Hoy la contienda política se basa fundamentalmente en las pensiones, en una clarísima vulneración del Pacto, que hasta ahora fue el marco indiscutible e indiscutido de todas las reformas y acomodaciones del sistema. Tengo dudas de si Rajoy llega a tiempo para cambiar un estado de opinión extendido como un reguero de pólvora y creado por él mismo el día en que aconsejó planes de pensiones privados. Esa fue la cerilla que provocó el incendio por un razonamiento demasiado elemental: si el jefe del gobierno aconseja planes privados, es que el sistema público no ofrece seguridad. Y se lió.

Ahora el presidente no tiene que convencer a los portavoces que le replicarán el día 14. Tiene que convencer a los pensionistas de lo más difícil: que su voluntad es subir más las pensiones, pero todavía no puede. Rajoy es hábil, inteligente y tiene buen discurso, pero se me antoja una misión casi imposible. A ver cómo se le quita el miedo a un pensionista asustado por el rápido vaciamiento de la hucha, 66.000 millones en cinco años. A ver cómo se tranquiliza a los trabajadores en activo, cuando se lanzan mensajes de alarma sobre la viabilidad del sistema y ya se anuncia la llegada a la jubilación de los niños del baby boom. A ver cómo se devuelve la confianza a quienes van a las concentraciones de jubilados a escuchar que hubo dinero para rescatar a los bancos y no lo hay para proporcionarles una vejez digna. A ver cómo se serena a los mayores que entraron en la estadística de la pobreza energética.

Y a ver cómo se nos convence a todos de que, además de sufrir una devaluación salarial, nos tenemos que preparar para una devaluación de subsidios. En todo esto hay un fuerte componente demagógico, pero así son las cosas.

En el fondo, es la misma demagogia a la del tono del PP cuando recuerda que Zapatero fue el único presidente que congeló las pensiones. Por eso, si tuviera que hacer una petición a nuestra clase política ante ese debate parlamentario, sería esta: señores, digan lo que tengan que decir, pero huyan de actitudes demagógicas. Suenan muy bien para los medios audiovisuales, pero solo sirven para la agitación.

Y después, para la decepción.

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