La huelga de las mujeres ya está ganada


No recuerdo un acto reivindicativo tan promocionado como el de hoy. Los medios informativos se han volcado con la huelga de mujeres, que logró eclipsar a todos los demás asuntos de actualidad. Llevamos una semana en que periódicos, radios, televisiones y páginas de Internet dedican generosos espacios a las injusticias que sufre la mujer: la brecha salarial, las desigualdades en promoción y oportunidades, la ausencia en puestos directivos en instituciones y en empresas privadas, los problemas de conciliación, el acoso laboral, las agresiones sexuales... Es todo tan evidente y las injusticias tan clamorosas, que ninguna de las denuncias puede recibir el rechazo de nadie; ni siquiera del gobierno, que empezó mirando con recelo la politización de la huelga y su probable apropiación por la izquierda, y terminó por expresar su respeto por boca del propio presidente.

Si hay algo que hoy suscite un altísimo grado de unanimidad, es la necesidad de eliminar cualquier atisbo de discriminación. Se puede asegurar, por tanto, que la huelga, los paros parciales y las manifestaciones de hoy serán un éxito, porque la razón está de parte de quienes las convocan. Me atrevo a decir algo más: esta protesta ya se ha ganado.

Ya se ha conseguido el gran objetivo que se buscaba, que era y sigue siendo crear conciencia y comenzar a cambiar mentalidades en el sector público y en el privado; en la sociedad en su conjunto y en las actitudes personales; en el puesto de trabajo y en ese otro empleo no remunerado que es el hogar, que es donde empieza el calvario de la desigualdad.

Desde esa seguridad y el deseo de éxito, quiero fijarme precisamente en las mujeres que no pueden sumarse a la huelga. Pienso en la modesta trabajadora autónoma y la empleada de contrato temporal y salario mísero, que no puede prescindir de los ingresos de un día. Pienso en la cuidadora de enfermos, minusválidos y otras personas dependientes, a las que no puede abandonar ni un minuto. Pienso en las madres de críos pequeños que deben realizar el mismo trabajo de todos los días.

Y pienso, cómo no, en las mujeres rurales de mi tierra, que seguirán madrugando a hacer el pan o cuidar el ganado. Todas ellas son el ejemplo máximo de las injusticias que hoy se denuncian y no podrán sumar su voz al clamor nacional. Incluso dentro de la injusticia hay grados, y grados muy dolorosos.

Mañana, cuando hagamos el balance, habrá que contarlas, aunque no sepamos cómo. Y una vez hecho ese balance, a ver cuáles son sus efectos. Hoy es el día de la toma de conciencia. Los efectos los empezaremos a ver a partir de ahora. Si disminuye la palabra discriminación, se habrá dado un gran paso. Si se mantiene, habrá que seguir en la pelea.

Pienso, cómo no, en las mujeres rurales, que seguirán madrugando a hacer el pan o cuidar el ganado. Todas ellas son el ejemplo máximo de las injusticias que hoy se denuncian

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