El Gobierno, desbordado


La espectacular rebelión de las mujeres y los pensionistas ha desbordado al Gobierno que, lejos de liderar el país, está claramente a la defensiva. Paralizado. Contra las cuerdas. La estrategia de Rajoy, resumida en una frase respecto a la brecha salarial, «no nos metamos en eso», no sirve para apaciguar las justas protestas. El dontancredismo ya no funciona. Tras despreciar la huelga feminista, el presidente se puso el lazo morado el 8M. Mero oportunismo. Ya no colaba. Ahora anuncia un plan para la mujer. Puro electoralismo. Con las pensiones, lo mismo. La ministra Báñez envió una carta insultante a los mayores en la que les anunciaba una subida de céntimos, que en realidad es una pérdida de poder adquisitivo. Ahora Rajoy prepara algún tipo de incremento, pero se niega a la revalorización de acuerdo al IPC. Más electoralismo para tratar de tapar la fuga de votantes en su principal granero de votos. Esto sucede en medio de una legislatura fallida y cuando su socio, Ciudadanos, con el viento a favor de su victoria en Cataluña y su auge en las encuestas, ha decidido pasar a la oposición y dejar solo al PP en el Congreso. Para afrontar estos desafíos, Rajoy cuenta con ministros de escaso peso político, bastantes de ellos completamente desconocidos para la mayoría de los españoles, incluso para sus propios votantes, o quemados. Ninguno alcanza el 4 de valoración. Resulta increíble que la mitad de los ciudadanos ni siquiera sepan quién es Íñigo Méndez de Vigo, el titular de una cartera tan importante como Educación y responsable de comunicar las decisiones gubernamentales como portavoz. En este escenario Rajoy solo busca desesperadamente la aprobación de los Presupuestos como tabla de salvación para seguir en La Moncloa hasta el 2020.

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