La bruja mala del cuento


Descubrir a la persona detrás del monstruo. Bajar al fango de la mente del asesino y averiguar que puede ser por fuera un tipo de lo más normal. Sobre esa premisa se construyen series como Mindhunter, un título de Netflix en el que David Fincher dirige cuatro capítulos.

A contrarreloj y en la vida real, las televisiones se han volcado estos días en desentrañar el triste caso de Gabriel. El interés por devorar cada detalle disparó la audiencia desde el domingo como pocas veces ocurre. El lunes el crimen ocupó la pantalla todo el día, desde los clásicos matinales pasando por unos informativos con grandes cifras de espectadores y acabando por el especial nocturno de Expediente Marlasca, en La Sexta. El programa de Ana Rosa registró su mejor dato de audiencia en once años y Espejo público quedó por detrás, a poca distancia. La expectación resulta comprensible por el instinto de entender lo ocurrido. Otra cosa es que, una vez contadas las claves de la noticia, el bucle de horas y horas de pantalla empiece a difuminar la barrera entre información y elucubración. Más aún si el crimen invade el territorio de Sálvame con Paz Padilla al frente.

Las palabras templadas de la madre de Gabriel pidiendo no venganza sino desprecio para la bruja mala de este cuento macabro fueron aplaudidas por todos. Ahora el sentido común debería marcar el límite.

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