Gabriel y Diana no merecen eso


Explotación del dolor de las víctimas. Demagogia populista. Desprecio a los sentimientos. Oportunismo en busca de votos. Mala noticia para España. Estos son algunos de los términos que se usaron ayer en el Congreso para hablar de algo tan serio como la prisión permanente revisable. La coherencia política, la delicadeza, la sensibilidad, fueron las grandes ausentes de un debate que debía ser serio, sereno y ajustado a los principios jurídicos. En su lugar habitaron el pleno de la Cámara la acusación, el improperio y, una vez más, el electoralismo. Hemos visto cómo el PSOE acudió en su día al Tribunal Constitucional y ayer se erigió en juez de la inconstitucionalidad de la norma. Hemos visto cómo Ciudadanos era contrario a la misma norma hace unos meses y ahora no solo es partidario, sino que la quiere endurecer. Y hemos visto cómo Podemos está en contra, pero algunos de sus diputados lamentaron la disciplina de voto, porque les hubiera gustado por lo menos abstenerse.

Esos partidos y esos políticos tienen ahora una última esperanza, que no dudo en calificar como vergonzante: que la tramitación de la proposición del PNV, con su ponencia, sus períodos de enmiendas y otros trámites, sea tan lenta y llena de obstáculos que nos sitúe en el final de la legislatura. Es una esperanza de filibusteros, pero es consecuencia del juego electoralista: los partidos de izquierdas quieren congraciarse con el progresismo que se opone a la pena y les viene bien mantener durante mucho tiempo la tensión del rechazo; los partidos de derechas, sobre todo el gobernante, no quieren sufrir la humillación de la derrota.

El niño Gabriel Cruz no merece eso. Diana Quer no merece eso. Los padres de las víctimas que acudieron al Congreso y se sintieron ofendidos no merecen eso. Los casi tres millones de firmantes de la petición de que se mantenga esa modalidad de prisión no merecen eso. Lo que sí merecían es que esos tres millones de firmas tuvieran algún reconocimiento. Y que el debate se hubiera basado en razones estrictamente jurídicas. Y que hubiese ganado cualquiera de las dos opciones que se defendieron, porque son legítimas, pero sin ese tufo de partidismo que le dio a la sesión un tono patético. Creo que se ha mentido cuando se aludió al entorno europeo, porque en casi todos los países hay prisión permanente revisable, pero a los 25 años de cárcel como máximo. Me parece deleznable que se argumente que se derrotó a ETA sin esa pena, pero se mató a Gabriel con ella vigente, cuando su finalidad no es prevenir el delito, sino evitar que los mismos autores lo repitan. Pero los portavoces no sabían o no querían hablar de Derecho con mayúscula. Ya solo saben actuar en clave electoral.

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