Revisionismo para horadar el sistema


Hay políticos en España obsesionados por cambiar el pasado. Gran parte de sus ideas y propuestas se basan en hurgar en decisiones históricas con intención desconocida: puede ser por un impulso ético, pero puede ser por la intención de minar el sistema político hasta derribarlo. Y tampoco descarto que todo sea fruto de una necesidad de cubrir con denuncias del pasado la ausencia de iniciativas sobre la realidad presente del país. La última ocurrencia de Podemos y otros partidos como Bildu o Esquerra Republicana, ha sido promover la derogación de la Ley de Amnistía, que fue la clave de la reconciliación nacional al principio de la transición democrática. Pretenden investigar y abrir una especie de juicio histórico a las violaciones de los derechos humanos durante el franquismo. Entienden que aquellas amnistías fueron una gran perdonanza de las actividades políticas prohibidas por la legislación del Régimen, pero fueron, sobre todo, una «ley de punto final» de los abusos y delitos del poder.

Posiblemente tengan razón: no solo fueron amnistiados los que el Régimen había condenado por actividades subversivas, sino los represores. Pero esa fue la grandeza del momento: la capacidad de perdonarse mutuamente, de darse un abrazo y de organizar la convivencia sin odios ni represalias. Y la mayor grandeza fue precisamente la de las izquierdas perseguidas durante cuarenta años, que salieron de las cárceles o regresaron del exilio sin expresar el menor ánimo de venganza y dispuestas a colaborar en la construcción del nuevo marco democrático. Sin esa actitud no se entiende el éxito de la transición.

Gracias a Dios, Pablo Iglesias y compañía no cuentan con apoyo parlamentario suficiente, porque el PSOE todavía tiene memoria histórica y no quiere contribuir a ese revisionismo. Pero la idea sigue por ahí, esperando el momento del gran desquite. ¿Para procesar a quién? ¿Al propio Franco? ¿A los ministros también fallecidos? ¿A los miles de españoles que tuvieron algo que ver con su régimen? ¿Y por qué no a Fernando VII o a la República de la quema de iglesias y conventos? Pero, sobre todo, ¿de dónde les viene a los jóvenes de Podemos ese rencor a los fundamentos de la democracia española? La investigación de las violaciones de derechos y crímenes del franquismo es tarea de los historiadores y hay abundante bibliografía que ha mostrado y sigue mostrando lo más condenable de la dictadura. Todo lo que no sea eso muestra a unos políticos y unos partidos marcados por un afán revisionista que a nadie beneficia. Y sospecho que responde a una de las intenciones apuntadas: la de socavar lo que ellos llaman «Régimen del 78». Es decir, los cimientos de la actual convivencia nacional.

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