Romper el agua


En los cuentos y en los mitos antiguos en ocasiones los protagonistas tienen que hacer frente a pruebas imposibles, retos que sólo se logran dándole la vuelta al enunciado porque ahí esta la trampa. Recuerdo uno en el que a una muchacha se le encargaba romper el agua, lo cual parece a toda vista algo inconcebible; al final lo consigue encontrando un pozo que se ha quedado congelado y quebrando el hielo de la superficie.

Yo quisiera hacer un artículo sobre que hay un asunto reiterado y constante que, en mi opinión, nos hacer perder el tiempo en dar vueltas que no llevan a ninguna parte y sólo sirve para distraer de los verdaderos dramas, los auténticos problemas. Es una cuestión que ocupa mucho espacio y tiempo en tertulias y columnas de opinión, en los telediarios y las portadas de los periódicos. Ya sabéis qué, y no lo voy a decir.

Porque lo importante es que, aunque lleguen también de forma recurrente buenos datos económicos (esta semana hemos visto como el INE daba a Asturias como la tercera comunidad con mayor crecimiento y el Banco Mundial la destaca como una de las regiones con mayor potencial económico de la península) resulta que no están bien repartidos. Casi se diría que para lograr esas cifras grandilocuentes se paga un precio desproporcionado en pérdidas sociales.

Tenemos un grave, gravísimo, problema de precariedad laboral. Tanto que el mismo informe del Banco Mundial sobre convergencia europea lo que destaca precisamente es el lío tremendo en el que nos estamos metiendo por tener salarios de miseria para los jóvenes que entran al mercado de trabajo con la expectativa además de que esa racanería sea el «new normal», así lo dice. Esas cotizaciones de chichinabo de hoy son la carcoma en acción de las pensiones de mañana.  Se cuentan por millones las horas extras no pagadas en España, y son lógicamente millones de euros regalados por los trabajadores a las empresas y robadas al erario público. Es un asalto consentido. El fraude de los falsos autónomos es epidémico y masivo. Mes a mes se nos confirma que más del 90% de los contratos que se firman (de lo que no hay contrato y se queda en el pozo de la economía sumergida y el dinero negro no hay datos) son temporales. Opinadores y políticos conservadores gustan de decir que tienen en la familia una de sus preocupaciones principales y que les gustaría un aumento de la natalidad. A ninguno le importa que el horizonte que afronta una pareja joven en España que quisiera tener descendencia es un panorama de un trabajo muy duro (en ocasiones de más horas de las recogidas en el contrato) por muy poco dinero y sin ninguna perspectiva de que sea estable más allá de un mes, de una semana, o unos días.

Esta es la realidad sobre la que se asienta la recuperación, el crecimiento económico y todas esas fábulas. ¿Qué político, qué partido, puede decir con honradez que se preocupa por los ciudadanos cuando no se dedica ni un momento a estas cuestiones y sí todo el espacio, todo el tiempo, cada esfuerzo y cada número de saltimbanqui dialéctico a eso otro que no quiero decir?

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