Mensaje al presidente Rajoy


«Aver si estos tres o cuatro días puedo descansar y caminar», dijo el presidente Rajoy a los periodistas en la Ruta da Pedra e da Auga. Creo que se lo ha ganado. Entre Cataluña, los pensionistas y las encuestas, lleva siete meses que fueron para no dormir. Un relax gallego lo reconfortará. Pero este escribidor, que solo habla como periodista, le quiere molestar un par de minutos de esos tres o cuatro días para invitarle a una pequeña reflexión.

Señor presidente: desde que el juez Pablo Llarena dictó el último auto de procesamiento hemos visto escenas que afectan a nuestro prestigio como país. Hemos visto cómo los familiares de los nuevos presos se pusieron a dar ruedas de prensa, incluso en Bruselas. Hemos visto cómo la señora Ponsatí, huida a Escocia, lograba suscitar una gran expectación mediática, como si fuese una estrella de cine. Estamos viendo cómo la prensa europea se siente atraída por los fugados. Y lo peor de todo: dos influyentes diarios, The Times y The New York Times se han mostrado críticos con el Gobierno español y el periódico americano ha llegado a pedir a Alemania un gesto hacia Cataluña para «calmar una confrontación que ha ido demasiado lejos».

Usted dirá que solo son criterios periodísticos, y es cierto: solo son criterios periodísticos. Pero crean estados de opinión. La prueba es que, según una encuesta publicada ayer mismo en Alemania, el 51 por ciento de los ciudadanos de ese país prefieren que Puigdemont no sea entregado a España. Esos ciudadanos tampoco son el tribunal que debe decidir, pero la imagen de nuestra nación está siendo dañada. Ojalá me equivoque, pero, aprovechando que estamos en Viernes Santo, es como si Pilatos preguntase al público si quiere liberar a Jesús o a Barrabás y ese público respondiese: «A Barrabás». Parte de la sociedad europea se empieza a poner del lado del perseguido y en contra del perseguidor. No quiero ni pensar que el independentismo esté ganando la batalla de la opinión.

A cambio del atractivo que los perseguidos suscitan en quienes desconocen la realidad de Cataluña, observo demasiada quietud de su Gobierno, señor presidente. Recuerde lo que ocurrió en el referendo de octubre: que la Generalitat se desvivió con la prensa extranjera, atendió uno por uno a cada enviado especial, aprovechó las redes sociales y la Policía española quedó como un cuerpo represor que arremetía contra viejitas que solo querían votar.

Ya sé que usted hace lo imposible ante los gobiernos de la Unión. Pero me temo que sea insuficiente. Si entre paseo y paseo encuentra un minuto para esta reflexión, piense un sistema para ganar a la opinión pública exterior. Ni usted ni España merecen lo que se está empezando a decir.

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