Ministros y novios de la muerte


Es sabido que los políticos no dan puntada sin hilo. Por eso, es interesante saber qué movió a cuatro ministros (Cospedal, Zoido, Catalá y Méndez de Vigo) a presidir el desembarco y traslado del Cristo de Mena en Málaga e incluso a entonar El novio de la muerte, el histórico himno legionario. Es obvio que esta estudiada y activa participación no casa con la aconfesionalidad del Estado que establece la Constitución. Porque fue a título oficial. Como tampoco se adecúa a la misma poner la bandera a media asta en los cuarteles en señal de duelo por la muerte de Cristo. ¿Qué esperaban conseguir los ministros, por extensión el PP, de esta exaltación cristiana publicitada por los medios de comunicación? ¿Estas exhibiciones públicas dan réditos electorales en la España de hoy? Es evidente que el PP cree que sí, porque le reafirma ante el sector más conservador y tradicional de sus votantes, que aún le es fiel pero podría caer en la tentación de mudarse a Ciudadanos, poco dado a estos espectáculos, pero que no se atreve a hacer alarde de laicidad. Al PP no le importa que la izquierda se escandalice y ardan las redes sociales. Es en su lucha encarnizada por el voto con la formación naranja, que según las últimas encuestas habría dado ya el sorpasso en la derecha, donde hay que situar estos alardes de religiosidad y marcialidad de los dirigentes populares, que hasta se animan a tararear aquel cuplé que cantaba Lola Montes en los años veinte y Millán Astray convirtió en el himno de la Legión para exaltar a sus huestes ante la batalla. Lo más significativo, política y sociológicamente, es que el Gobierno está convencido de que le sale a cuenta esa especie de nacional-catolicismo redivivo en la Semana Santa.

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