Notable suspenso


Imagino que los diputados del Partido Popular en la Asamblea de Madrid habrán perdido hace tiempo la vergüenza al dejarse utilizar como palmeros. No dudan en ponerse a aplaudir (y además de pie) con furor a sus últimos líderes cuando terminan sus intervenciones. Lo vimos en las épocas de Esperanza Aguirre y de Ignacio González y ahora lo presenciamos con Cristina Cifuentes, que el miércoles dejó sin responder muchas preguntas acerca de su master, asunto que no debería haberle llevado ni una hora aclarar y en cambio vamos camino de dos semanas con informaciones periodísticas que la dejan en una situación insostenible.

De su comparecencia (forzando el reglamento de la cámara, tal y como empezó quejándose) no puedo decir otra cosa que no sea la de que vaya caradura que es. Ante el aluvión de noticias contrastadas de que se matriculó comenzado el curso 2011/2012, de que no asistió a las clases siendo obligatoria la presencia y de que no localiza su trabajo fin de master con tanta mudanza, además de mostrar actas con firmas falsificadas de un supuesto tribunal en el que no está un profesor de otra universidad para garantizar la imparcialidad, salpica no solamente a su persona (cuestión que limitaría las consecuencias a su carrera política exclusivamente), sino que desgraciadamente perjudica la imagen de un centro educativo público y a un grupo de alumnos que se habrán esforzado (y mucho) por tener ese título. Poco arregló además Cifuentes la cosa cuando dio su opinión sobre el master, diciendo que servía para poco teniendo ya la licenciatura en Derecho. No encuentro mejor publicidad para esta Universidad (que por cierto, me llama la atención que desde la Casa Real nadie haya dicho algo) que la que Cifuentes le está proporcionando estos días. La está abocando al peor de los desprestigios que se puede hacer.

Triste es ver la posición de Ciudadanos, que me imagino por motivos de estrategia electoral va a preferir aguantar el año que queda de legislatura para intentar arrebatar al PP un buen puñado de votos. La comisión de investigación es una manera de ganar tiempo, de dejar que se queme Cifuentes y de evitar que un pacto con la izquierda en una moción de censura le reste electores en 2019. Con lo cual, parece que el futuro de Cifuentes dependerá de lo que en su casa le digan. No parece que en Génova estén por la labor de un relevo aun cuando la cosa pinta mal, pero tampoco parece que a Cifuentes le quede más margen de maniobra en cuanto a fabricar excusas y aportar nueva documentación (que en realidad la importante y elemental es la del trabajo fin de master).

Para mí tiene un notable suspenso. Ya no es solamente un juego de palabras, sino una manera de describir el bochorno y lo lamentable que es toda esta situación. Si tuviera un mínimo de principios debería dimitir, pero viendo que su defensa ha sido la de pasar al ataque, denunciar a los periodistas que publicaron el caso y no aclarar las preguntas que quedan por contestar, solamente Rajoy podrá poner punto y final a esta historia. Y quizás todos esos diputados que aplaudieron a Cifuentes no volverán a figurar en la próxima lista electoral. A ver en qué acaba todo esto.  

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