Reinas de jaque mate


Isabel la Católica, mano de hierro. Cleopatra, la leche. La reina que perdió la cabeza, ¿era Juana la Loca o María Antonieta? Catalina la Grande en varios aspectos, Isabel II la de los Tristes Destinos y la ristra de amantes. Qué abolengo. La historia está llena de reinas apasionantes, muchas de jaque mate, buenas piezas. También en la maldad se nota el linaje, la realeza. Pero si una fue plebeya antes que reina consorte debe ser buena, parecerlo, y ensayar el papel ante el espejo. Ser símbolo, carne de ritual, interpretar la verdad en toda su apariencia. Casi casi vivir en un soneto. No destacarse jamás en las fiestas. Olvidar para siempre el matasuegras. 

Letizia tiene un porte regio, se nota, mucho. ¿Verá The Crown? ¿Se dirá que asumir la corona es más que subirse la corona a la cabeza? «Debe de ser duro ser reina si no te educas de esa manera», me dicen de sobremesa. ¿Más que sacarse un máster Cifuentes?, salta mi envidia plebeya. El derbi real ha distraído al vulgo de una patraña política con cargos (pero no de conciencia). Doña Sofía y doña Letizia dan cierta épica feliz a las tardes de domingo, como Daenerys de la Tormenta. Ellas, dos Españas en la corte, son opuestas, pero no, no quieren guerra. Ya ven la paz tras el placaje. Dicen que la distancia entre reinas viene ya de hace tiempo, que tienen la culpa entre otras cosas unas bolitas de anís que la abuela Sofía daba a escondidas a sus nietas. Las grandes cosas son a veces tan pequeñas.

Keep calm con xeito, reina. Ser reina no es un cuento. Parece cuestión de encaje, de gracia y compostura, de mantener el tipo con relax, sin ojeras ni muecas. Ni el lastre familiar, ni el tedio de los días acelga, ni el conflicto interior, ni el pique fulero. Para ser reina hay que reinar en los detalles y guardarse en las fiestas. ¡No hacer aspavientos ni de pascuas en ramos! No darse al reguetón para boicotear una foto con la abuela. A una reina si es plebeya se le perdona el origen, la tacha purgada, pero no se le perdona la soberbia. Una reina debe reinar primero sobre la mujer que lleva dentro. Y dejarnos el vicio de la libertad a las plebeyas.

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