Cristina, ¡cuánto resistes!


«Cristina, qué bien resistes», titulábamos esta crónica el pasado día 7 de abril. Hoy he puesto un cuánto porque su resistencia ya no se mide por su calidad, sino por su dimensión. Ayer sorprendió a la parroquia con la renuncia a su máster, pidió disculpas por haber accedido -o cedido- a las facilidades que le dio la universidad, para acabar diciendo en rueda de prensa que ella no dimite porque tiene la confianza de su presidente. Todo con la misma seguridad con que enseñó las «pruebas» de la legalidad de su título en la Asamblea de Madrid. Mujer de armas tomar, como sabíamos. En Numancia resistieron de forma más heroica, sangrienta y sin un Rajoy protector, pero la resistencia de Cifuentes es, en efecto, numantina.  

Lo malo es que tardó 28 jornadas en componer su discurso. Si lo que hizo ayer lo hubiera hecho el día en que empezó el asedio, quizá habría alguien dispuesto a defenderla. Ahora se le notan muchas cosas. Se le nota la inspiración del jefe de Facebook, que compareció y pidió disculpas y casi se le perdonó. Se le nota el ejemplo de Pablo Casado, que también tiene un máster ganado con facilidades, pero habló de él con papeles reales y enseñó el trabajo final, y no hubo ensañamiento con él. Y se le nota, sobre todo, que una tormenta de cerebros maquinó durante esos 28 días y parió un producto de laboratorio: ella es inocente, la universidad es culpable. Eso se llama matar a quien la había protegido.

A pesar de convertir su despacho de la Puerta del Sol en la Numancia del siglo XXI, no lo tendrá fácil. Obliga a distinguir la responsabilidad penal de la política. La penal cae sobre la universidad, porque allí está la autoría material de las falsificaciones. Pero la política sigue cayendo sobre ella, porque aceptó esas falsificaciones y las lució en sede parlamentaria, aunque argumente que no las ha pedido. Y es de temer que el rector, si se enfrenta a una condena judicial, diga también su verdad. A Rajoy le da igual, porque el proceso judicial será lento, como todos, y el presidente no trata de proteger a Cifuentes; trata de no perder la plaza de Madrid por un caso de corrupción.

Y hay dos dificultades todavía mayores. La primera, la credibilidad que le otorguen los demás partidos, que hasta ahora ha sido nula. Hoy por hoy, Cifuentes no entrega su cabeza a Ciudadanos, pero se la cortarán en la moción de censura, que tendrá que haberla por mucho que el PP se resista a convocar su celebración. Y la segunda, cambiar los estados de opinión. Si doña Cristina consigue que cambien de criterio todos los medios que ya oficiaron su funeral y los partidos que la quieren tumbar, habrá conseguido una victoria colosal. Demasiado colosal para que sea verdad.

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